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sábado, 29 de enero de 2022

Matemáticas y vino

¿Cuántas veces he pasado por la misma escena? "Recurrente" se ha vuelto el adjetivo que describe mis emociones. Es verdad cuando dicen que las emociones no son estáticas, sino que se van transformando, ya sea con el tiempo, con las experiencias o con el transitar mismo de cada una. Pero como la luna, son fases que se repiten cada tanto, y aunque cada vez hago más intentos que me permitan entenderlas y recibirlas de una manera distinta, el cambio de temporada me sigue templando; siempre termino desprevenida para su visita recurrente.

Quizás sería más útil si lograra asimilar la tristeza cuando me siento triste y no cuando ya es una aparente lección aprendida.  Sin embargo es más fácil mirar el camino cuando pasa la tormenta y la tierra está seca y firme; no importa qué tan memorizado se tenga el sendero, al final el frío y los pasos que se hunden en el lodo están acompañados de la incertidumbre de si será posible llegar o transitarlo sin percances de vida o muerte.


Ocurre, en los días buenos, que mi cuerpa se llena de energía, una energía que me inspira me motiva y me llena, me inflama cada poro de la piel hasta el punto de querer compartirla, de que no se quede solo en mí, de que se expanda, que crezca. Pero esos episodios son tan revitalizantes como efímeros, es verdad que cada vez es un acto más consciente el estar ahí, moverme desde el placer, comer desde el goce, amar desde el bienestar y existir desde la presencia; sin embargo, he de admitir que eso también hace que sea más evidente la brevedad de su permanencia y lo ajena que aún parece conforme se va consumiendo.  


Quisiera poder retratarme con la misma facilidad con la que lo hago en los momentos de menor calidez, pero no puedo, intentarlo es como obligarme a mirar el infinito y tratar de describirlo en palabras. ¿Tan inefable puede ser lo que se vuelve una sensación? ¡La desgracia de quienes vivimos de palabras!, y es que ¿Cuánto logra traducir la empatía? No sé si alcanza, no sé si me es suficiente.


Ilustración de Filippa Edghill
Ocurre que cuando el sol llena e inflama los poros de mi piel, en mi mente quisiera resolver tantas cosas, planes, compartir en todo momento con las demás, de hacer palpable, visible, la sensación de permanencia en un espacio seguro, pero es ese mismo afán de compartir lo que me cansa, lo que me drena, lo que me regresa una corriente helada de consciencia, de la codependencia que eso puede conllevar, de la necesidad agobiante de saberme lejos de la soledad.


Creo que ese ha sido siempre el tema, ¿no? Todo este tiempo he sentido que camino en círculos, pero ahora que lo pienso, me hace más sentido pensar mis pasos como una hipérbola de emociones y presencias que nunca terminan de tocarse unas con otras, justo cuando estoy avanzando, lejos del punto muerto de estancamiento, saltan los límites de mi propia existencia y de la existencia independiente de las demás personas, y entonces vuelvo con la misma fuerza intempestiva, en reversa y sin poder mirar por el retrovisor, a las muchas sensaciones de fatalidad, de vacío, en donde soy consciente de que están lejos y que somos dos parábolas que nunca, por más cerca que estemos, podremos cruzarnos.


En mi vida nunca pensé que las matemáticas podrían ayudarme a entender esta sensación de aislamiento constante, y sin embargo aquí estoy, buscando información sobre las fórmulas para identificar la lógica en la que vivo. Y aunque en realidad me parece maravillosa la lógica de dos entidades que pueden estar tan cerca y tan lejos la una de la otra, sin limitarse más que por el espacio auto determinado de quiénes son; a la luz de las emociones actuales también hace que me sienta muy ajena y aislada, como si coincidir y cruzarme en el plano con alguien, de poder tocarnos y ser una por un momento que nos permita por una vez sentirnos inmensas en un todo, sea imposible. Es como si fuera una condena y a la vez, también una maravilla.


Ya no sé si son las copas de vino, pero es que la hipérbola es el modelo matemático perfecto para mirarnos más allá de las idealizaciones románticas de la dependencia. Para mí, son la representación matemática de poder acompañar sin perderse a sí misma, tan cerca que casi te toque, pero con la distancia suficiente de no dejar de ser quién eres ni de perder el camino, aunque eso implique que en algún punto habrá distancias mayores que enfrentar.


 Así es como en un intento por tratar de decir que me cuesta trabajo escribir en mis momentos de mayor estabilidad emocional, las incoherencias brotan en forma de modelos matemáticos que posiblemente ni siquiera estén siendo interpretados de manera correcta. Mi mente, acompañada del olor de la uva semiamarga del vino y la luz de mis luces de navidad permaneciendo a propósito en la sala, terminó escribiendo sobre un descubrimiento personal y un deseo de resignificación de la distancia.





miércoles, 29 de septiembre de 2021

Mar

 

Me desperté, miré el reloj y era temprano

¿El cuerpo? Pesado como un ancla

La cabeza está atestada, no para de girar

Pensamiento tras pensamiento,

Posibilidades, quizás, hubieras, deseos

Miedos, sobre todo miedos.

 

Sal de mar

Agua de lluvia

Lágrimas que me inundan

El alma, el pecho, la intención de seguir

 

A veces sale el sol

Y con él asoma el arcoíris

Otras veces los colores se van

Pero la humedad es constante

 

Soy un río, soy agua

No sé cómo parar

¿A dónde lleva el cauce?

Si cuando hubo mar

Parecía el principio y no el final

 

Días pasan

Tardes pesan

Noches pisan

 

Está atorada, la siento en el pecho

Creí que era la presión alta

Y solo es la tristeza sin eco

¿Qué pasa si la suelto y luego,

No hay manera de dominarla?

 

Late, está ahí

Un corazón que late, loco

En el pecho, resuena

Acompaña el nudo con su latir

Y a mi solo me pesa el sentir

 

Demasiado vivo

Demasiado viva

Es demasiado, a veces

Porque otras, es tan poco

 

Repira

Inhala, Exhala

Sube, Baja

Contener para que no escape

Estoy a una lágrima de no volver

 

lunes, 30 de octubre de 2017

La cotidianidad como punto ciego de la historia.

Hoy me siento nuevamente con la necesidad de escribir sobre violencia, los días siguen pasando uno a uno cargados de noticias y estadísticas que nos indican que cada vez somos menos mujeres libres, con vida. Al inicio fue Lesby, después fue Dulce, luego Diana y ahora Mara; cuatro nombres que saltaron a la luz pública, cuatro entre miles que permanecen en el rincón más oscuro. ¿Por qué si hay tanto repudio hacia la violencia sigue sucediendo? ¿Por qué si seguimos condenando la violencia sigue pasando? Considero que el problema no es propiamente la falta de conocimiento sobre los
feminicidios o los peligros. Todas las mujeres somos conscientes de cada uno de ellos, se nos educa para reconocerlos y cuidarnos; los hombres también saben que existen, es de su conocimiento que somos “vulnerables” y que debemos cuidarnos, ser responsables. Sí, lo saben, pero a veces olvidan qué o quiénes son los principales promotores de esas amenazas.
Tengo una frase que me gusta mucho y me ha hecho pensar sobre mi misma: “La cotidianidad es el punto ciego de la historia”. Todos somos conscientes de que matar es un crimen, que violar u obligar a alguien a hacer algo en contra de su voluntad o sin su consentimiento es algo que no debería suceder. Sí, muchos sabemos que está mal, o al menos la mayoría decimos saberlo. ¿Y luego? Sabemos que al ver noticias como las de Lesby, Mara y otras tantas similares, debemos enojarnos, echar bilis por la boca, maldecir y desear la muerte de quien se atrevió a realizar tales actos.
Es muy fácil unirse a la protesta social cuando estas cosas suceden, es muy satisfactorio sabernos en pie de lucha por defender los derechos humanos de las mujeres; sentir esa energía impulsada por un enojo colectivo, entre gritos y consignas, viviendo a flor de piel la unidad y la empatía. Sí, es muy fácil y creo firmemente que la protesta social es uno de los principales pilares en el proceso de
transformación social, pero no es ni nunca será suficiente si esa protesta, esa acción, se queda en las calles, si sólo sirve para apropiarse de los espacios y los discursos públicos. Considero que los cambios que se gestan allí, dan lugar a una transformación, importante sí, pero que deviene en actos moldeados superficialmente dentro de una categoría pública “políticamente correcta”; es decir, se hacen cambios en la manera en la que nombramos determinadas situaciones, la forma en la que nos expresamos y nos conducimos en el espacio público; se van modificando los discursos, el lenguaje, los términos que usamos. Sabemos que ahora debemos llamar de otras formas a los piropos, se sabe que es necesario tener un 50% de ocupación femenina en los cargos públicos, todos sabemos lo que es lo políticamente correcto, pero muchos también sabemos que es sólo un juego superficial de autoengaño, uno que enmascara el nombre pero no modifica los sentidos que dan lugar a las acciones. Estamos dando vida a un juego de roles y actuaciones públicas cuyo fin es no ser señalados e identificados como el problema por, y para, los demás.
El día de hoy todos somos feministas, personas comprometidas con el futuro social, nos preocupa, luchamos, exigimos. Nos llenamos la boca de sentimientos de empatía, de coraje y deseos de justicia; viralizamos nuestro compromiso y nos unimos en el enojo: #TodxssomosMara #TodxssomosLesvy #Niunamenos todos entendemos quiénes son las víctimas potenciales, directas, indirectas. Sí, todas decimos que somos ellas y que la culpa es de ésta sociedad, del gobierno, de los
hombres, de las mujeres, la culpa es de todos. La culpa está escrita en tercera persona, la culpa está lejos de nosotros, tan enojados y empáticos, marchando, gritando y exigiendo a aquellos otros responsables.
El problema es que somos ciegos, leemos la historia escrita en los medios, leemos la historia que revela el malestar social, leemos la historia pero nunca somos parte de ella; la historia se vuelve algo que ya fue y que se cuenta, algo que hizo alguien más, se vuelve un proceso que nos deslinda como autores. La cotidianidad se enajena sin darse cuenta de que es ella la que escribe, en su marcha lleva la tinta que se graba. ¿Por qué sólo decimos #TodosSomosMara? ¿Por qué nadie invoca al acto responsable y se asocia con el “todos”? El yo se ausenta en la ecuación del problema de las violencias, tal como el hoy pierde fuerza en el cuento que se narra del ayer, sólo aparece como consecuencia.
La protesta social nos vuelve un contingente político y correcto, nos cobija bajo un “todos” activo, correcto y socializado. Pero ¿quiénes somos nosotros? ¿Qué hay de la lucha en el yo? ¿Qué hay de la conquista en el espacio privado? ¿Dónde queda la protesta, lo políticamente correcto, cuando nadie puede señalar que no lo somos? ¿Quién reconoce la lucha privada? ¿Es suficiente si yo lucho socialmente, si yo salgo a las calles, si lo comparto en las redes, si me enoja, si me entristece? No, no es suficiente y por ello somos culpables de que Lesvy, Mara y las miles de mujeres más hayan muerto, hayan sido violadas, abusadas, torturadas, humilladas, acosadas, maltratadas. Los grandes actos no nacen siendo grandes actos, la violencia no brota ni aparece, esa se desarrolla, necesita de
incubadoras que la alienten, necesita de un yo que la ejecute y otros yo que la permitan, que la
hagan invisible a través de la costumbre. Nadie nace queriendo matar mujeres, nadie nace con la necesidad de violar, golpear, mutilar. El deseo se aprehende, el derecho se aprehende, son
adquisiciones que se desarrollan en el hoy, en el día a día, se refuerzan en las acciones, en las
palabras, en las risas; somos cómplices desde nuestras relaciones y nuestros afectos.
La lucha culpa al gobierno, a los acosadores, a los violadores, a los que no hacen nada, a los que voltean la mirada si ven un abuso, a los que son indiferentes; la culpa está en la sociedad machista, pero ¿quién es la sociedad, quiénes los machistas? Si la sociedad se rigiera por los discursos públicos, los documentos tan bien redactados y llenos de promesas, si la sociedad actuara con base en ellos, con sus términos políticamente correctos, ¡Qué mundo tan diferente! Nadie se atrevería a decir o
hacer algo sin sufrir las consecuencias, nadie pasaría desapercibido y los nombres no serían
olvidados.
El problema social es privado, lo privado es político, lo privado es social siempre, más lo social no siempre es privado; es decir, las conquistas sociales no siempre son llevadas a un ejercicio singular, a veces (muchas veces) se queda ahí, en el exterior colectivo sin penetrarnos a través de una labor auto reflexiva, auto demandante. El espacio privado, ese que pasa desapercibido, ese que es casi inconsciente, es el que habita la cotidianidad y va escribiendo el acontecer social sin reclamar la autoría. Se pierde entre las máscaras públicas, entre los guiones que se presentan ante el público expectante, la violencia está ahí, en esos roles diarios entre ensayos a los que nadie presta atención.
Sí, sí, gritamos al aire lo que las mujeres se merecen, sus derechos, pero nuestras pláticas entre amigos, nuestros chistes, nuestras relaciones familiares, nuestras dinámicas sociales, nuestros actos, nuestras canciones favoritas, nuestras tardes en casa o en la calle, todo eso que somos fuera de la protesta y que no se lee en nuestras publicaciones es lo que nos está matando.
¡Qué coraje da el acoso sexual! Pero qué maricón el amigo que no tuvo el valor de robarle un beso o decirle guapa, qué divertido ir a ver viejas a la plaza, al gimnasio.
¡Qué impotencia da el abuso sexual! Pero qué mojigata es la mujer que a la mera hora no quiso, la virgen. Qué puto si no la convenció de aflojar, qué grosera la que te dice que sólo como amigos.
¡Qué vergüenza tratar a las mujeres como objetos sexuales! Pero qué buenas están las modelos de Playboy, que lástima que aquella no esté bonita. Qué asco que amamante en plena vía pública.
¡Las mujeres deben ser libres! Pero qué puta si se acuesta con tantos, que zorra por vestirse así, que egoísta por no querer ser madre, que inútil por no ser ama de casa.
¡Las mujeres deben tener igualdad de derechos! Pero ellas no piensan igual, sólo les importa verse bien. Se quejan a pesar de que les ayudamos en la casa.
¡Mueran los machos! Pero que sean ellas las que laven, planchen, cocinen, limpien, sirvan y cuiden de los niños porque yo sí trabajo y estoy cansado.
¡Sí, fomentemos la independencia, el empoderamiento! Pero ignoremos a nuestras niñas cuando nos digan que no quieren algo, son demasiado pequeñas o es un berrinche. Generemos culpa a quien no hace lo que deseamos o si no están a nuestra disposición, pero sí, que sean libres, independientes y respetadas.
Y por muchas consignas más que cubren nuestra realidad inmediata, es que la conquista social debe ser una conquista personal, cotidiana, de esa que apela al instante, al ser y a la propia experiencia.
Que la lucha sea una re significación del ser y sus sentidos, sus dinámicas más privadas y sus vínculos más inmediatos. Sólo una protesta social que apele a lo propio elevará el velo que expía nuestras culpas.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Le he matado.

Hoy he asesinado a alguien, no he dormido sin alterar mi sueño por ello. En mis manos corre la sangre de aquella pobre víctima que tuvo que perecer ante mis ojos, en mi memoria recae la continua escena en donde decido poner fin a la existencia de un ser que no hacía nada más que ser lo que era.
Existen miles, millones de seres en este universo, estoy segura de que no tenemos conocimiento de más de tres cuartas partes de su totalidad. A diario hay cientos, o quizás miles, que se pierden ante una batalla a muerte. He convivido con este ser por lo que es ya un largo tiempo y en realidad no sé por qué demoré tanto en llevar a cabo el acto que me condena.
No, no me arrepiento de haberlo hecho, era una cuestión de sobrevivencia, y es que en ocasiones, la convivencia simplemente era algo demasiado agresivo, destructivo,  nos estaba llevando por la vía de la autodestrucción.
Hoy he asesinado a alguien,  ha dejado en mi memoria mil recuerdos que hacen sombra a mi futuro. Ha muerto pero no ha desaparecido, pues aunque aparentemente ha dejado de estar vivo, permanecen las cenizas de los actos cometidos.  Quedan remanentes que me condenan a una vida de memorias que se arrastran con mis pasos cual grilletes.
Me sentía victoriosa en su ejecución, pero ¿realmente ha muerto? Comienzo a creer que le he otorgado vida eterna, lo he enfrentado de tal forma que le he dado presencia. Por lo menos sé que he librado una batalla, hoy tiene rostro y le he dado un nombre.
Hoy he asesinado a alguien, le he vuelto omnipresente, pero me ha devuelto la consciencia y hoy, la sangre derramada dio forma a su cuerpo etéreo. ¿Realmente ha muerto? Qué más muerte hay sino para quien el no lugar era su vida.
Hoy ha muerto, le he asesinado.
De los rincones de lo impalpable, en el arte de lo oculto, le he obligado a morir a manos del conocimiento.
¿Qué muerte más preciosa que la suya? Por la luz se vio perpetrado y ha ardido ante las miradas más juiciosas.  Es su sangre la tinta de mi nombre, y su muerte la resurrección que le aviva.
Hoy ha muerto, le he asesinado,  he cavado mi cuerpo y sembrado mi nombre. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

Pérdida desnuda.

Han sido días de mucha reflexión, de esa que te obliga a mirarte en lo más profundo de tu ser. He caído en cuenta de la falta tan grande que tengo de aceptación y amor propio, de cariño por quién soy y la realidad que afronto. En su lugar me he creado fantasías, mundos alternos, irreales. Sin embargo esta noche he soñado lo que hago, he sentido el autoengaño y hasta dónde puede llegar. Soñé y viví la soledad de una mentira que ya no puedo sostener, no porque nadie lo crea, sino porque duele seguirla contando. Desperté preguntándome ¿Por qué no puedo lograr que eso sea realidad? La soledad me pesa aunque me diga en voz alta que me encanta.
Suelo ser honesta, de verdad lo creo, al decir que soy una persona complicada y con quien es difícil convivir. Demando atención a cambio de cariño, pero no me gusta ceder en muchas cosas. Soy terca, obstinada, obsesionada y con tendencias perfeccionistas; me gusta estar al mando pero demando la participación activa de todos, a pesar de que no me parece el hecho de que nadie lo hará como yo.
Y aún así quiero que alguien me quiera y me necesite, ser la incondicional de otro. Sentirme alguien de interés, que se preocupen por mí, que se alegren por mí, que se entristezcan y se enojen por mí. Quiero tener a un amante, jugar con quien sepa reír en la cama conmigo; compartir mi cuerpo, mi deseo y mi placer con alguien que lo haga también. Recorrer repetidamente el camino del erotismo, descubrirme, descubrirle, descubrirnos.
Hay tantas cosas que anhelo y que no sé cómo alcanzar. Soy ajena a todo eso, me da miedo siquiera intentarlo. Desconfío a cada paso, a cada intento le sigue el fracaso, desisto por miedo.  En mi memoria encuentro frescos lienzos de pasado, cien imágenes que me inhundan los ojos y me cierran la garganta. Momentos de total exposición, de promesas y emociones que me quebraron en mil pedazos que no he podido volver a juntar. Muchos dicen que es pasado, que ha sido muchos años atrás; sin embargo aquí me encuentro, paralizada por efecto de esa etapa.
¿Cuántas oportunidades han pasado y se han ido? ¿Cuántas veces el miedo me ha invadido? Me siento fracturada, impotente de no saber cómo moverme. Sé que hay algo mal, algo duele, pero cómo combatirlo, eso no lo sé. Me siento perdida en un campo, dando vueltas sobre mis propios pasos. Al principio fue ese ciclo mi refugio, pero hoy se ha vuelto mi tormento.
No diré, a pesar de ello, que todo es negro; a veces estoy convencida de que es una soledad que yo elijo y que yo quiero. Hay momentos en los que la abrazo y la vivo, disfrutando detalles nuevos; sí, hay días buenos, pero a pesar de ellos hoy perduran los que son grises y apagados.
¿Alguna vez has sentido que te sumes poco a poco en el fondo de un agujero, de esas veces en las que te vuelves más y más invisible, como si tu propio ser se fuera desvaneciendo, en donde vas olvidando poco a poco quién eres? Así van transcurriendo estos días para mí, a pesar de que tengo momentos de calma, aún así me encuentro sedada, sin poder entender qué sucede, qué hago y por qué. Cada vez más me voy perdiendo y tengo miedo, tendo miedo de perderme y que nadie note que me he marchado; ni siquiera yo misma.
¿Dónde están todos mis sueños? ¿Dónde quedan todos los planes? Hoy están arrumbados y frustrada he dejado de buscarlos ¿para qué? Ya no sé ni quién los quiere o por qué surgieron.  Si ya no hay sueños, no hay futuro ¿para qué se vive un presente entonces? Se vuelve un verdadero tormento, un torbellino de angustia, enojo y una gran tristeza que va aumentando de forma directamente proporcional a la falsa sonrisa que ilumina mi rostro social.
¡Qué peligroso es el miedo de mí misma! He temido tanto a mis acciones que me he vuelto puras palabras, una idea que vive en el mundo de las historias. Me estoy convirtiendo en letras que se pierden en el viento y que se vuelven sólo sueños incapaces de soportar la confrontación inminente con la realidad cotidiana y colectiva.
Me estoy ahogando en mis propias fantasías, pues incluso en ellas soy consciente de la farsa que sostienen y del vacío que inútilmente intentan ocultar.
Me conozco, y por ello me estoy perdiendo. La locura me domina pues la realidad no hace más que lastimar.

martes, 8 de septiembre de 2015

El inicio de un sueño.


Mucho he hablado sobre soñar, luchar por nuestras metas y ser fiel a una misma; pero hoy sólo quiero compartir mi experiencia alcanzando una de las tantas metas que he venido estableciendo desde hace mucho tiempo. Viajar alrededor del mundo, conocer otras culturas, nuevas personas y lugares era algo que veía como un proyecto posible pero muy lejano; sin embargo hoy puedo decir que he iniciado con ese proyecto que si bien, y afortunadamente, me tomará toda la vida, he dado el primer paso y he comenzado con él. Hace más de un mes se publicó una convocatoria en mi universidad para estudiar inglés en Canadá, la solicité siempre pensando que no sería posible obtenerla por muchos aspectos, sin embargo al publicarse los resultados mi corazón se detuvo un momento al ver que mi número de matrícula estaba entre aquellos que la habían recibido, y así fue como todo comenzó.
Tuve que ir a tramitar mi visa, preparar mis cosas, emocionarme y hacerme a la idea de que era real. Para muchos puede que no signifique tanto, que sólo lo vean como un viaje, una experiencia, pero para mí era comenzar, como ya dije, aquello que pretendo mantener haciendo el resto de mi vida. 
Pues bien, finalmente el día llegó y yo estaba sumamente nerviosa y emocionada, mi familia me acompañó al aeropuerto y algunos de mis mejores amigos también acudieron para despedirme. Mi vuelo salía a las 00:05, pasé por la revisión de mis cosas para esperar después el momento para abordar y comenzar oficialmente esta aventura. En la sala de espera para abordar nos encontrábamos muchos alumnos de mi universidad, el avión iba casi lleno con nosotros; en fin, el punto es que ahí conocí a varias chicas con quienes estuve platicando mientras esperábamos. Finalmente el momento llegó y subimos, despegamos y comenzamos a volar a través del cielo, sus nubes y sus estrellas, despidiéndo a nuestra tierra por un tiempo. Sobrevolamos las costas del Golfo de México y después pasamos por algunos estados de EUA para después llegar a Toronto, Canadá. Lo más hermoso que puedo decir de ese vuelo es que técnicamente nos encontrábamos persiguiendo el amanecer, la vista era hermosa a pesar de que llegamos un día nublado. El aeropuerto es maravilloso, la vista que teníamos mientras nos dirigíamos al área de migración y de entrega de equipaje realmente era una forma de decirnos "bienvenidos". Había sido un vuelo de 4 horas, de las cuales puedo decir que al no poder ver mucho por la ventanilla debido a que iba en pasillo y que por ser noche estaba totalmente oscuro, me dormí un largo rato. De vez en cuando, sobrevolando los cielos de Estados Unidos, se lograban entrever las luces de las ciudades, también fue un panorama agradable. 
Ya saliendo alguién nos estaba esperando para dirigirnos a la ciudad en la que estaríamos durante nuestra estancia, no nos quedaríamos en Toronto. London es una ciudad pequeña y realmente hermosa, sus casas son de estilo victoriano, sobre todo en el centro, estando ahí no hay un sólo rincón en donde dejes de ver el color verde del pasto y el azul del cielo; también es un lugar sumamente tranquilo para vivir, la gente es muy amable en su mayoría y siempre están dispuestos a orientarte cuando te encuentras perdida. Cada uno de nosotros fue asignado con una familia que nos recibiría y con quienes viviríamos durante nuestra estancia, yo tuve la suerte de estar con otras 3 chicas, a una de ellas la conocí en el aeropuerto en México mientras esperábamos abordar.
La casa a la cual llegamos tenía su encanto, era amplia y cada quién tendría su propia habitación, la mía estaba en el entrepiso, entre el sótano y la planta baja. Los muros era color lavanda con sus molduras blancas, un piso de madera y una ventana que daba hacia la calle, estaba al ras del piso, así que mi vista eran las flores y el pasto que presentaban a la casa; contaba con un escritorio, una cómoda, y un espejo a juego, todos a juego, de madera pintada de blanco, justo como me gustan, mi cama era de hierro forjado y mi clóset de un tamaño suficiente para mi ropa y mis maletas. Contábamos con un patio trasero con flores y alberca, lamentablemente la alberca no estaba en uso debido a que nuestra familia canadiense no la habia preparado; también teníamos nuestra propia sala en el sótano. Era un hogar agradable.
La escuela en donde tomé mis clases, era realmente apantallante, pues debo decir que para una amante de todo lo Inglés, la arquitectura de los edificios era magnífica. Empezando por la Universidad Brescia, que fue al lugar en donde llegamos de Toronto, y continuando con el Colegio Kings, en donde tomé mis clases. Ambos edificios podías equipararlos quizás con castillos, em fin, creo que las fotos hablan por sí mismas. Canadá comenzó a mostrarse mejor, el clima debo admitir no fue para nada lo que esperaba, yo pensaba que encontraría un lugar muy frío o por lo menos, con una temperatura similar a la ciudad de México, pero no, el calor era intenso debido al nivel de humedad que hay. Únicamente los últimos días fueron fríos, lo bueno es que la ropa que llevé era fresca, si no probablemente hubiera tenido que hacer algo al respecto.
Las clases por su parte fueron muy entretenidas, pero lo mejor fueron las actividades extracurriculares y nuestras visitas de fin de semana a los lugares más turísticos alrededor. Por ejemplo el primer día de clases fuimos al centro para llevar a cabo una actividad en la que nos teníamos que tomar fotos en un montón de lugares marcados en un mapa del lugar, nos separaron por equipos, el que más fotos y puntos tuviera ganaría un premio. Fuera de la competencia, creo que fue una gran forma de conocer el centro y sus rincones más ocultos. Lo más llamativo para mí fue el Victoria Park, el río Thames y en general la arquitectura, como la de la iglesia de St. Peters. Así mismo otro de los aspectos que amé de Canadá fueron sus árboles, desde el tradicional y representativo árbol de maple, hasta los pinos (pinos navideños) que se encontraban en todos los parques y carreteras. La ciudad de noche fue todo un espectáculo para ver, había un edificio frente al Victoria Park que iluminaban de colores, lucía muy bonito, desde el parque sentada en una banca, o simplemente caminando rodeada de la calma que domina en el lugar a esas horas, era magnífico. Sus monumentos era muy bonitos también.




Fuera de London, conocimos Toronto mas allá del aeropuerto, visitamos la torre CN, que es la más alta de la ciudad y se parece un poco a la torre de Seattle. La experiencia en la torre no fue la gran cosa, lo que sí es que disfrutas de la vista que te ofrece desde el mirador, sólo eso, Toronto es una ciudad muy grande, llena de una multiculturalidad asombrosa, y como en México, puedes ver una mezcla de tiempos en sus edificios, puedes apreciar el pasado en sus edificios más cercanos a la universidad de Toronto, o bien la modernidad en sus altos corporativos.  Fuimos también al lago, es muy tranquilo y puedes descansar un rato por ahí.El siguiente fin de semana visitamos una playa, en realidad no es mar, si no un lago, el lago Huron, es un lugar muy agradable, el clima fue perfecto, el agua es muy fría pero es excelente para un día caluroso.
Visitamos una reserva natural llamada Westminster Ponds, en London, en ella la humedad es muy fuerte, hay un lago lleno de peces, en el lugar encontramos diferentes especies de ranas, aves, insectos, los árboles que encontramos ahí eran igual de diversos y hermosos. Es una verdadera joya si lo que te gusta es la naturaleza. Canadá tiene jardines preciosos, llenos de flores de mil colores que realmente huelen muy fuerte, cerca del río Thames hay un parque pequeño que tiene un jardín muy bonito, a mí me encantó por completo por su forma y sus flores, cerca había un lugar en donde puedes ir a mojarte, los famosos splashpads.












Creo que esta se ha vuelto una publicación muy extensa, pero es que así de grandioso fue este viaje, pero de ahora en adelante intentaré ser más breve. Durante este viaje también visitamos las cataratas del Niagara, uno de los lugares que había querido visitar desde hace mucho; no miento al decir que es un lugar que te quita el aliento, no sólo las cataratas, sino el pueblo en sí es tan diverso, puedes encontrar muchas atracciones turísticas como museos, parques de golf temáticos, miles de tiendas de souvenirs, etcétera. Pero lógicamente las cataratas son lo más hermoso, el sonido del agua cayendo con toda su fuerza, el arcoiris que se forma en ellas, la brisa que te empapa totalmente, la emoción te atrapa todos los sentidos. Saber que estas en los límites de dos países, tan diferentes y similares, compartiendo una de las maravillas del mundo. Es un sentimiento realmente impresionante.  No puedo encontrar más palabras para describirlas, así que dejaré que sean las fotos las que hablen. Ya para finalizar quiero recomendarles que si van alguna vez y visitan London, vayan a una librería que tiene su historia.

Esta libreria se llama CityLights, venden libros nuevos, usados, de todo, hay discos de vinyl, películas, series, cómics, novelas gráficas, puedes realmente encontrar una gran variedad de títulos y a un precio muy bueno, además de que el lugar es muy agradable, puedes percibir ese olor a libro viejo que resulta tan cálido y que te da una gran bienvenida al lugar. Los empleados son muy amables y siempre están dispuestos a ayudarte. Es muy importante decir que ellos estaban agradecidos de que fuéramos. Nos reconocían como parte del grupo de mexicanos que había estado llendo varias veces, fuimos buenos clientes puesto que todos los días iba alguno de nuestro grupo a comprar y disfrutar. Hasta buen viaje nos desearon porque ya sabían qué día nos regresábamos. Yo tuve la fortuna de ir el último día de mi viaje y la señora que nos atendió me dijo que esperaba que volviéramos pronto.

domingo, 15 de febrero de 2015

Sinfonía.

A veces hace falta cerrar los ojos, no bastan los párpados. Quisiera convertirme en el dulce viento que acompaña una melodía de piano, con sus notas ligeras y a veces tristonas, siempre dulces.
Quiero cerrar los ojos, dejar a la mente volar entre fantasías que alcanzan los deseos más profundos, que se arraigan en el fondo de mi ser más puro. Cierro los ojos como mecanismo de defensa antes esta realidad tan contradictoria y compleja.
Sí, me gusta adentrarme en utopías, no me agrada la realidad que me abrasa cual fuego.
Me pierdo en sus notas, puedo escuchar el roce de sus dedos con las teclas del piano negro frente al ventanal de la sala, su silencio cargado de significados ocultos en él; una concentración cuyo resultado transmite emociones indescriptibles ante la lengua tan pobre que solo sabe emitir palabras, acciones y adjetivos.

La calma, ¡Oh, dulce calma! Bienvenida eres en momentos de angustia, en donde me es difícil encontrarme en su mirada, ni siquiera el espejo del agua puede afinar mi propia imagen.
Sólo tú ¡Oh dulce música! Llegas a mis sentidos por más de una vía, no es sólo el oído al que seduces. Los aromas de la suave pradera llegan, con el aroma de la cálida madera de los árboles altos y frondosos, de ese sol que quema como un abrazo en invierno; vienes acompañada de las imágenes que proyectan tus aromas, tus sonidos, tus notas. Siento el temor, siento, ¡Oh musa de mil tonos! Siento la tristeza de la soledad que nos rodea, somos compañeras asiladas en un singular entendimiento.
La ansiedad me hace presa de los nervios, no puedo parar de pensar, las imágenes se tornan borrones, los aromas se pierden en una mezcla indescifrable; pero siempre estás tú, dulce sonido, con un tono para cada momento. Siempre continuo, siempre presente; llenas el silencio con tus pausas que me permiten pensar para mí.
Ahí viene de nuevo, la cadencia suave y transparente, no sé si he perdido la razón pero es maravilloso poder escucharte, entender tus ritmos. Tu lentitud y tus sobresaltos tienen siempre sus motivos.
¡Para ya! Eres insensata con mi memoria, traes cual relato sus palabras a mis oídos, sus miradas a mi cuerpo que se tensa al recordarlas tan frías e indiferentes. ¡Bastarda! Te creía amiga y resultaste hermana. Me conoces más de lo que pensaba, atravesaste la línea de la tolerancia, ¡Deja de mirarme! Me acusan tus notas que con tiempos diversos, mixtos, me devuelven lo que soy.  ¡Apiádate de mí! Deja de seguirme, quiero volver a mi sala, a mi pradera tranquila que me recuerda mi falsa identidad, utopía fabricada en tus entrañas.
Estoy exhausta, mi cuerpo yergue inmóvil mientras sigue la rutina diaria. Entonces vuelve como antes, me extiendes tu mano y entonces me despiertas de mi letargo de realidad ¡Volviste! ¡No me abandones de nuevo, te lo ruego! La tensión, tan sarcástica, burlona, me ataca y me hiere al reflejarme con desprecio que no soy lo que creo. Sólo tú buena amiga, vuelves a mí y me cobijas bajo el velo de tu fantasía, que como alivio a mis temores, me permites seguir danzando entre las flores y las nubes. No, no diré que se ha ido, ella sigue aquí conmigo pero es ahora como una parte de mi niña pequeña que tengo que aprender a consolar. Ella tiene miedo, y la tristeza le azota como viento de otoño. Es la realidad que le apremia a crecer.

¡Pequeña niña, deja de llorar! Estará aquí para ti.

Evitas a toda costa su nombre, porque ni siquiera sabes si es el correcto. Lo único que sabes es la mezcla de emociones que causa en ti, que germina cual semilla fértil en el campo. Quisieras saber, poder conocerle, pero estás tan confundida y eres tan pequeña que apenas y logras mirarle el rostro.  ¡Hay amor, es sólo una niña! Eres mi diminutivo, contrólate, te lo pido.
Antes de que la penumbra se cierna sobre nosotras, una sola, llega el sonido que tiempo a tiempo, va incrementando su volumen. Sus notas nos ofrecen su mano ligera, pues nos ve al borde del conocimiento, de la desdicha del saber y la afronta entre tú y yo. 

Ahora volvemos y me encuentro de nuevo siendo la yo de esa musa. El temor, aquel que tu vulnerabilidad me causaba, se ha evaporado y vuelvo a bailar sobre el pasto que hace cosquillas a mis pies, y que a propósito de esto, ha devuelto la risa infantil a mi boca.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Sinceramente, te quiero.





¿Si te dijera que el camino al amor no existe, me creerías o te desilusionarías? Es uno de los dilemas más grandes a través de los cuales el ser humano tiene que encontrar su propio camino, sin embargo siempre nos vemos atrapados en un callejón cuya única salida es seguir la corriente de aquellos ilustres expertos en la materia de la vida.









Ay amor mío, es difícil tratar de mirar con lente ajeno la situación que nos concierne a los dos, y de la cual sólo uno es consciente. Mil veces he jurado en vano que te olvidaré, o que simplemente daré vuelta a la hoja. También me he armado de valor a momentos y me he propuesto, igualmente en vano, que te diré la verdad, que no temeré la posibilidad de tu rechazo, pero es cuestión de verte y sentirte cerca para entonces perder la palabra, los juramentos se vuelven viento, pero no de ese viento que te eleva hacia el cielo, sino esos vientos torrenciales que tiñen el cielo de gris y el horizonte se muestra cada vez más sombrío y desconocido, de esos que dan miedo. Es bien cierto, soy una cobarde pero, a decir verdad, soy también luchadora. Cobarde por temer al futuro, a las posibilidades que no me son desconocidas, no hay medias tintas en ésto; pero soy valiente porque he aprendido a mirarte a los ojos y retener el fuego que siento emanar por mi cuerpo, porque he sido capaz de ir en contra de mi misma. Quizás llamarme valiente por ésto último pueda ser relativamente cierto, o quizás sí, es un tanto estúpido decir que se es valiente por ir contra uno mismo pero ¿Es que acaso es fácil, acaso no se pierde nada?

Es fácil para muchos describir al amor, a ese que dicen es conflictivo o mejor conocido como complicado, se nos incita a creer que es el amor en sí lo que es complicado cuando en realidad somos nosotros los que no nos entendemos, los que nos inventamos trincheras en las que quedar atrapados. Sí, el amor es complicado en tanto es creación abstracta del hombre, ¡Y vaya creación! Es una noción abstracta que se arraiga al cuerpo y presenta síntomas físicos, no es juego cuando se dice que se acelera el corazón y el estómago se revuelve, la piel se enchina y la sangre hierve en las mejillas, es tan abstracto como el ser mismo. Curiosa moción, es una noción creada por el ser humano, abstracta y real, arraigada al ser y estar del sujeto. Existe un otro que te mueve, que te cambia, pero querido no creas que eso es solo obra del amor, eso es algo que sucede todo el tiempo, con todas las personas que se cruzan por tu vida, en psicología lo llamamos procesos de subjetivación, sin embargo temo que sea más allá, el amor es tan estudiado y a la vez tan desconocido como la existencia. 

El amor es un enigma que gusta por serlo, creo que es como la fe y los dioses, se idolatra porque no existen pruebas que nos limiten a seguirlo transformando y adjudicándole características particulares. El amor es ciego, eso dicen muchos, yo creo que se es ciego al decir que se ama, que se sabe definir al amor, porque el amor es invisible por ser tan físicamente tangible. 

¿Lo ves? Ya quiero unirme a las que lo definen, en fin, yo sólo quiero describirte lo que es mi amor, ese que siento que se presenta cuando andas cerca, cuando paseas entre mis memorias, cuando brota tu nombre en mis acciones o en mis reflexiones. Te digo que es complicado describir un sentimiento de tal envergadura, y aunque emocionalmente es difícil asumir que viene únicamente por parte de uno, es más fácil hablar por quien se es y no en nombre de quien se idealiza.
Verás, cuando estas lejos de mí, te tengo presente en lo que hago, cuando estoy leyendo imagino lo que comentarías conmigo de ese libro si lo leyeras también, tus argumentos y tus partes favoritas. Cuando me encuentro viendo una película veo en tu rostro guardar esas lágrimas que en ocasiones tratas imperiosamente ocultar, te veo reír en las escenas cómicas y te veo disimular el terror en esas escenas que a mí me hacen gritar sin mesura. Sí, aunque no estés ahí, estás. A veces cuando leo las noticias, me imagino las discusiones que tendríamos por nuestros puntos de vista tan diversos a la vez que convergen, las propuestas que se nos ocurrirían y las críticas a las mismas. Cuando estoy en clase, quiero aprender de todo, entender lo que debo entender para poder compartir contigo esos conocimientos, demostrarte por absurdo que a muchos pueda parecer, lo mucho que me apasiona lo que hago, quiero ser más de lo que soy.
Okay, a veces resulta conflictivo resolverse a escribir lo que se siente, pero he decido desahogarme sinceramente, creo que todo cambia cuando estás frente a mí, no es lo mismo. Mi corazón se acelera y no miento, me alejo de ti por voluntad involuntaria a la vez que deseo estar cerca y poder posar mi brazo en tu cintura o sentir el tuyo en mis hombros. Cuando te miro no puedo quitar la mirada de tus ojos, quiero que se note que te grito que te quiero, a la vez que quisiera que no lo supieras por mi. cuando hablo contigo me olvido de los temas planeados, y si logro hacerlos salir de mis labios, duran poco y lucen tontos, quiero impresionarte, que te rías conmigo y te sientas animado a platicar. Pero son sólo deseos porque no siento que lo logro, siempre me quedo con un vacío al despedirme que me hace sentir dudas y pensar que no es amor pero ¿Qué es el amor?  Es por eso que me importa saber qué se dice, pero más que nada ubicarme y definir mi propio concepto de amor para poder decir si es o no lo que siento por ti. 
Rebecca Dautremer
Amor, querido, es ajeno a ti en mis términos, porque no mostramos señales de compatibilidad. Somos amigos, amigos que se cuentan y disfrutan lo que hacen juntos. Debo decir que me gusta ese papel, pero anhelo ser más, saber qué pasará, pero a la vez temo sentirlo porque no es algo seguro y ya dicho. Soy tu amiga y me intereso por tu vida, pero a veces me duele oír tu entusiasmo por alguien más, no un dolor dramático, sino más por el sentido de impotencia, en donde sé que es consecuencia de mi falta de valor para hablar, no te puedo reclamar nada salvo no sentir mi temor a tu lado por tenerte lejos, que no notes mis miradas y mi necesidad de impresionarte. Es una impotencia por saberte emocionado por ella y no por mí, por saber que encuentras similitudes cuando nunca nos faltan temas de conversación.

He hablado de mil cosas, de mil sentires y de mi vaga idea, muy confusa del amor. Pero sobre todo te he hablado de tí y de mi, vividos como una sola situación a través de una sola persona. Te he dicho sin voz lo que eres, lo que vales y lo que representas, porque eres parte de mi visión futura, de mis viajes y proyectos, de mi familia y mis navidades. Es una voz muda porque no sabes que hablo de tí aunque lo puedas leer, no sabes que escribo por tí en algunas ocasiones y para ti en otras tantas.

Ay corazón, eres más que un sólo órgano, eres el símbolo de la felicidad y la ilusión de completud que todos buscamos, por ahora, seguiremos siendo sólo amigos. Que sean nuestras acciones y el porvenir tan incierto lo que nos hagan encontrarnos en un camino que nos una hacia el mismo fin. Sin ser uno, caminando a lado del otro.

sábado, 23 de agosto de 2014

¿Libres y felices?

 


Tiento los cristales y están fríos, puedo atisbar el zumbido de sus adentros. Las lágrimas no vienen del fondo, caen del cielo y las adopta a pesar de ser ajenas. Aveces la tristeza y el dolor son semillas que caen de arriba y que enterramos en lo bajo, las ocultamos de las miradas quisquillosas, de las palabras entrometidas e hirientes. No dejamos que germinen, les impedimos que crezcan, que se desarrollen y como todo, si no sale se queda ahí, atascado y en las peores condiciones.



Lo más preocupante de todo, es que las personas que más las rechazan, son las que intentan aparentar mayor felicidad. Temen enfrentarse a sus temores, no pueden dar el salto y mirarse desde el otro lado del lago ¿Es acaso eso felicidad? No podemos guardar las semillas para siempre, porque incluso la tristeza y el dolor son bases para conocer la felicidad y el placer. El que se oculta tras la máscara de una alegría eterna e imperturbable, es porque guarda un gran temor en el fondo de su ser, en lo más bajo. Esa lucha interna por contener a la semilla, se vuelve un modo de vida que nos aleja de mundo externo y a la vez interno, pues únicamente nos preocupa una diminuta parte que se encuentra en nosotros y que ni siquiera es propia; nos olvidamos de lo que somos, de los nuestros y lo propio.
El ser está tan colmado de inseguridades, prejuicios, talentos y cualidades, la palabra complicado es simple en comparación con la realidad. ¿Qué tan reales somos? Es difícil saber el grado de realidad de todo lo que sentimos, las causas, los por qués. Todo cambia de un ser a otro, el entendimiento es tan difícil y ajeno a lo que sucede de manera exterior a cada uno, que en realidad somos sujetos que van a la deriva encerrados en su propio universo; he errado al decir que somos mundos, un mundo es uno y es poco, se termina como la vida misma pero nuestra complejidad va más allá de los límites de una atmósfera, somos universos llenos de estrellas y agujeros negros que nos hacen ser creadores y seres de destrucción. ¿Cómo pretender la felicidad si no sabemos nada que no venga de nosotros? ¿Cómo sentirse desolado, deprimido, si no conocemos nada de lo que hay fuera? Es una lucha entre una ignorancia infeliz contra una ignorancia llena de esperanza. La espera desesperada contra la espera esperanzada, ambas originadas en un mismo conocimiento, el ser seres que se acompañan en presencia de existencias egoístas y desconocidas, que vagan en un mundo que no conocen más allá de sus propios sentidos. Porque somos seres narcisistas a los que les cuesta ubicarse como uno en el millón, no podemos siquiera pretender ponernos en un sitio distinto, aprender a percibir como si fuéramos libres, porque no lo somos, aún no podemos serlo porque no sabemos vivir así, la libertad es enemiga de la ignorancia, del individualismo, porque ser libre no ser sólo tú es ser todos, ser capaz de vivir y sentir lo que todos y no como unos.  
La lucha interna entre la tristeza y la felicidad es resultado de ese desconocimiento del otro, porque nos creemos el centro, nos han vendido una idea errónea de lo que el ser único es. No somos iguales, pero tampoco somos del todo diferentes, optaría más por decir que no somos diferentes pero tampoco somos del todo iguales, tenemos más similitudes que diferencias; porque todos sentimos a través de los sentidos y ninguno de nosotros goza de la libertad, ninguno. Nos han dicho que ser únicos nos hace totalmente inigualables, que si nos equivocamos, nadie se equivocará como nosotros, y si triunfamos, nadie lo hará como uno. Nos ha vuelto egoístas, prisioneros de nuestro propio ego, nos han arrebatado las posibilidades de ser libres.
Cuando la preocupación de que la semilla de la tristeza se haga pública descienda, será cuando entendamos que todos la cargamos, porque es parte de un exterior que desconocemos y nos empeñamos en mantener alejado, haciéndonos sentir que es algo nuestro y que se encuentra en lo más profundo de nuestro existir.  Cuando entendamos que somos iguales pero diferentes, entenderemos que cargamos con los mismos problemas pero los atendemos de maneras diferentes, los percibimos de formas distintas e incluso a veces, podemos catalogar las situaciones en diversas variedades, descartándolos inclusive de la categoría de problemas.

viernes, 22 de agosto de 2014

En compañía de la soledad...


Hay ocasiones en el transcurso de un sólo día, que nos hacen repensarnos como personas, como sujetos y como individuas. Puede ser desde una mirada al tráfico citadino, hasta esas pláticas que se tienen con amigas. Yo tengo muchas metas por cumplir, algunas tantas son tan utópicas como otras, sin embargo el simple acto de planear y tener objetivos por cumplir, te dan material para pensar y guiar un poco tu manera de ser y vivir. Es curioso que incluso los que en algún momento decimos que no nos importa lo que dirán de nosotras, estamos diciéndolo para dar una imagen ante un otro.




Algo que me impresiona mucho de todo esto, es lo mucho que puedes sufrir en el intento de realizar lo necesario para ser o tener lo que te gusta y quieres. La forma en que los demás, esos otros seres que se encuentran en situaciones similares a la tuya, que no comprenden ni su propio mundo y que intentan comprender, y lo peor de todo, modificar mundos ajenos de los cuales no saben nada. ¿Cómo es que esas demás vidas pueden interferir tanto en lo ajeno? Si bien somos seres sociales, es increíble que a pesar de ser hoy en día una sociedad tan individualista, aún tengamos esa tendencia a invadir el terreno personal de los demás. 



Creo que esto parece reproche, y quizás en cierto modo lo sea porque como bien sé, casi siempre (por no decir que siempre para no sonar reduccionista) cuando estamos hablando de algún tema, lo hacemos desde nuestra propia experiencia, le añadimos a pesar de contener rasgos de otras personas, otras ideas, etc. nuestra propia visión de las cosas. En lo personal es muy triste saber que cada paso que das, es siempre vigilado por un tercero, un tercero que puede ser desde tu familia, tus amistades, hasta esos desconocidos de los que no tienes ni consciencia de su existencia.  Es muy triste y a la vez alarmante, no puedes ser tú con ellos pero tampoco sin ellos, es decir, no existe libertad suficiente para tratar de encontrar y expresar lo que se quiere ser, porque siempre cargamos con ese conocimiento de un otro que juzgará y será testigo de lo que hagamos o no; pero así mismo somos una debido a que hay un otro que nos da esa legitimidad; si estuviéramos solas en el mundo, si siempre hubiéramos estado solas jamás nos hubiera preocupado la noción del ser algo o alguien. ¿Por qué, para qué o para quién seríamos algo si sólo estábamos nosotras? 
 Particularmente me parece triste pensar así, explicaré por qué. Sin los demás nosotras no estaríamos, según yo, interesadas en conocernos a nosotras mismas porque la meta de saber qué somos no se vería motivada por explicarle o demostrarle a alguien más. El interés de saber precisamente lo que se es, en general tiende a ser para diferenciarnos de lo que no somos, de un otro, ya sea la familia, la amiga o el extraño. Imagino que entonces cuando decimos que necesitamos tiempo para estar completamente solas para repensarnos, en realidad estamos intentando decir que necesitamos estar alejadas del bullicio y la presencia física de los demás, pues para repensarnos necesitamos tener presentes a esas personas dentro de nuestros registros mentales, obteniendo entonces puntos de partida y de comparación para entendernos, fijarnos metas, objetivos, entender el por qué nos gustan o no las cosas.
 La soledad nunca es completa, la soledad siempre se acompaña de las huellas que las demás van dejando en y con nosotras. Una vez una maestra nos dijo, que los seres humanos somos como las cebollas, nuestro ser está formado por experiencias, recuerdos, hechos, no somos un todo concreto y si vamos buscando llegar al fondo, encontraremos que no somos nada. Es como decir que somos sólo polvo de estrellas, eso en realidad ya es ser algo, es ser origen y en realidad lo somos porque nosotras somos parte del origen de otras personas en las cuales dejamos huella, TODAS SOMOS POLVO DE ESTRELLAS, porque siendo una no somos nada, pero todas en conjunto formamos miles de estrellas, galaxias, personas, sujetos, mascotas, todo. Es por ello que la soledad nunca es una soledad totalitaria, porque siempre estamos acompañadas de un otro, porque en nuestro propio ser está la amiga, la familia, los extraños que vimos un día por la calle, en una hay muchos y en muchos está una también. La soledad es para los que no se conocen, porque cuando no te conoces entonces es cuando llega la sensación de encontrarse en un lugar aislado y solitario, el que se siente solo, se siente perdido, se siente vacío, no es nada. 

domingo, 20 de abril de 2014

Para conocerse hay que soñar...


Yo sueño con el éxito, con mi familia, con mis amigos, con las personas importantes, sin embargo, también tengo sueños a los que solemos llamar pesadillas. En ellas aparecen también todas esas personas, incluso el éxito puede estar ahí presente y causarme temor. 
A lo largo de la vida vamos aprendiendo, poco a poco, a manejar nuestros deseos de tal manera, que los mandamos en ocasiones a lo más profundo de nuestro ser. Los sueños son representaciones de esos anhelos enterrados que luchan por hacerse notar, acompañados de los momentos que nos han marcado de manera positiva; las pesadillas son los temores que los deseos conllevan, anudados también a todas esas experiencias que nos han causado temor y tristeza.
¿Para qué son los sueños?
Yo sueño con alcanzar mis metas, alcanzarlas teniendo a mis personas favoritas y queridas cerca, o por lo menos, tenerlas dentro de mi vida aunque sea a la distancia. Mis sueños tienen una raíz, que como ya dije, son mis deseos.
Me parece que estos sueños están ahí por una única razón, invitarme a luchar y conseguirlos. Muchos se refieren a los sueños como algo inalcanzable, algo imposible ¿No será que se nos está mostrando lo felices que seremos al alcanzar esa meta? ¿No será que nos están diciendo que sí es posible, que nuestros seres queridos serán siempre eso a pesar de las circunstancias? Bien, querido lector, podrás estar o no conmigo, podrás incluso pensar que si los sueños son todo esto que te estoy diciendo, las pesadillas deberán ser algo parecido entonces. Sí, para mí las pesadillas son bastante peculiares, en ellas puedo encontrar mis debilidades; sé que aquello que me despierta nerviosa, asustada y preocupada a mitad de la noche, es algo que vale mucho para mí y que probablemente debiera cuidar más; ya sea mi familia, mis amigos, mi propia persona o alguna situación particular. Las pesadillas nos muestran cuánto pueden valer para nosotros todas estas cosas, si no por qué nos alteraríamos tanto.
Puede que con el tiempo, mis respuestas pierdan sentido, e incluso puede que yo misma las descalifique con una nueva mejor planteada, sin embargo, hoy pienso que así es ésto y ya. Cada quien puede tener y formular sus propias opiniones, de eso se trata todo, para qué estar aquí si no vamos a preguntar, contestar, errar y tener éxito. Sería como pasar un videojuego con claves, no tendría el mismo grado de emoción y satisfacción terminarlo. En fin, volviendo al tema, me parece que deberíamos darle más valor a los sueños y a las pesadillas, valorarlos personalmente, sin caer en las supersticiones de algunas interpretaciones que son ya incluso, parte de un imaginario social. Los sueños y las pesadillas deberían invitarnos a la reflexión interna, porque si bien he hablado de lo bueno de los sueños, en ellos podemos encontrar también sentimientos reprimidos, los cuales a veces no están ahí para facilitarnos las cosas. 
Al hacer estas cosas que parecen poca cosa, aprenderemos más sobre nosotras mismas, los sentimientos que guardamos, nuestros anhelos, quiénes somos en realidad. A veces es difícil aceptar lo que no podemos ver en el espejo del otro, lo que sus palabras nos reflejan, normalmente engañamos a nuestra razón creyendo amigas a las que nos dicen lo que queremos oír y enemigas a las que nos juzgan por lo que evitamos aceptar. En el momento justo en que aprendamos a diferenciar el reflejo turbio de las aguas cercanas, al reflejo claro y sincero de las aguas más salvajes, entenderemos que somos lo que hemos repetido constantemente que no somos. ¿Es duro? Sí, lo es, pero tan sólo imagina la libertad de darte cuenta que en vez de aparentar, puedes comenzar a trabajar sobre ello. No quiero sonar como un libro de superación personal, pero creo que en los sueños, en los terrores nocturnos, en las pesadillas más temibles, estamos nosotros en nuestro estado más puro y real. 
Cuando hayamos aprendido a reconocernos en nuestro propio espejo y a manejar la imagen que los mares enemigos y aliados nos regresen, podremos entonces avanzar con una claridad sincera y luminosa, una sin pantallas que cubran la luz que emitimos, sin difuminarnos, sin aparentar opacidad. Valoremos lo que somos, lo bueno y lo malo, aceptemos nuestra humanidad y sigamos avanzando, soñando y temiendo porque sólo así lograremos alcanzar una felicidad, que si bien será siempre parcial, podremos tener pequeños infinitos de felicidad en cada estrella alcanzada.

domingo, 30 de marzo de 2014

4











Entonces despierto, el reloj aún marca el día en que tu abrazo me hizo amarte. El tiempo, la vida me ha regalado el tiempo y el recuerdo de un sueño.

3

El frío de la calle se asemeja al frío de mis lágrimas, está tan solo el paisaje como lo está mi mirada. Le hace falta tu presencia, no está cegada es solo que el lugar ha perdido atractivo; los colores del cielo parecen apagados, el viento ha cesado de silbar, ahora tan solo se dedica a llorar. En la lejanía de los bosques, se desprenden las hojas en plena primavera ¿no se supone que deberían los capullos renacer y las criaturas volar? Han perdido su sol y yo te perdí a ti.
Te has ido sin siquiera estar aquí, es más fuerte perderte siendo tú tan solo esperanza que carne y hueso, no puedo hablar de perderte después de tenerte porque no gocé del privilegio de ser tu más. Quizás si hubiesen sido ciertos mis sueños, mi corazón hubiera quedado lastimado pero con el recuerdo de tus caricias y tus besos, sin embargo hoy te veo y estás lejos, a lado de mi asiento. La esperanza fue menos que la duda y el temor y hoy te tengo infinitamente guardado para lo imposible.
Hoy mis lágrimas se tiñen de un supuesto que nunca confirmaré, pues el temor de tenerte y perderte venció a la probabilidad de gozar, no tan solo gozarte sino de gozarnos mutuamente. Es tarde, eso mismo creí ayer pero hoy se ha vuelto realidad y no solo una creencia, hoy sé que no hay vuelta atrás porque has avanzado a tantos pasos sin mí, que alguien alcanzó tu camino y llenó mi posible quizás. Ahora tan solo te miro sonriendo mientras las lágrimas
caen, me acompaña la duda y la sombra, quienes me convencieron de quedarme y aferrarme a mis huellas, es tan duro tenerte aquí a lado y saberte lejano, que no sé si yo misma me he perdido en el mar, si me he hundido en la arena por dejar de avanzar.

2

La noche está estrellada, más que ayer. El cielo es demasiado azul para ser noche y demasiado negro para ser día, pareciera estar en el momento en que ambos, noche y día, se combinan para brindar un espacio donde nadie tenga que ceder.

Estoy soñando, lo puedo sentir pues te veo sonriendo hacia mí.

Ha llegado el tiempo de dejarme abrumar por completo, quiero describir en unas líneas cuánto te aprecio en todos tus momentos. Son tantos los infortunios que tu sonrisa oculta, que mi corazón se retuerce un poco al contemplarle natural e intocable. Mis labios tan solo desprenden calor ante la mera idea de su roce con los tuyos, eres un baúl de improbabilidades; cada opción que mi fantasía ofrece se ve plagada de sombras dudosas y aguafiestas. Llenan de temor mi papel en la obra, haciéndome sentir como si fuera ya un fracaso antes de ser siquiera presentada.

Amor dame un día, un segundo más para contemplar tu mirada, déjame cerrar los ojos a tu lado y abrir mis oídos a la dulce cadencia de tus palabras, permíteme entonces portarte en el oído. Llevarte conmigo en la memoria del sonido dejando que sea tu dulzura la que me invada, que sea tu personalidad y tu esencia la que me contagie de energía. Permite a mis sentidos aprehenderte con fiereza, y aunque el miedo de perderte sin tenerte vuelva, déjame sentirte cerca por un minuto siquiera.
Y aunque despertar yo tenga, espero lograr hacerte un trato, exponer ante ti mis sentimientos y, si es que el universo está a favor nuestro, proponerte el trato que dará paso a una aventura sin igual. Ya tengo en mente las palabras, me faltan la voz y el oído que las haga reales. No pretendo ser la dueña de tu tiempo, porque no quiero que mi tiempo tenga dueño, no quiero ser tu razón de vivir, puesto que quiero que mi razón de vivir sea la vida misma; no quiero que me entregues tu corazón, no sabría qué hacer con él, me sería tan difícil cuidarle como lo es cuidar del propio.
No quiero acapararte porque seguramente no seré la única persona importante en tu vida, lo sé porque tú tampoco gozarás de esa exclusividad, no quiero que dejes de hacer tus cosas por hacer lo que yo hago, cariño me encanta lo que haces y no quiero que cambies, créeme que yo amo lo que hago y tampoco quiero cambiar, te lo suplico. Cariño mío, no creas que intento matar el romance, por el contrario, vivo de amor por la vida y muero de vida por el amor.
He encontrado en ti a la persona que complementa mi ser y mi vivir, ambos somos dos seres distintos que no perderán su esencia a consecuencia del otro ¿para qué enamorarse entonces de algo que puede desaparecer en un parpadeo inseguro? No amor mío, a ti te quiero como eres y serás, diferente y en constante cambio, tal como la vida es y será. Yo te amo tanto como me amo a mí misma, y no es ser egoísta, es compartir contigo lo más valioso de mi vida y aunque parezca narcisista, quiero dejarte claro que no es por eso, sólo que debe estar más que entendido que no hay nadie por encima de nosotros, tú debes amarte por sobre todas las cosas para poder amarme, es a eso a lo que me refiero.
Si acaso piensas que aún no soy romántica, déjame decirte que no has comprendido mis palabras, a ti te quiero contar mi vida entera, puede que me reserve un par de páginas para mi colección privada, quisiera contarte y escucharte, anotar en más hojas blancas tus defectos para añadirlas a mi colección, entenderlas y amarlas, porque eso es lo que espero de ti; que me entiendas y me ames, no que me tengas en un altar de donde estoy segura, más de diez veces caeré.
Cariño, permíteme decirte lo especial que eres para mí, como ya te habrás dado cuenta, no te pido que te entregues como un esclavo a mis deseos porque créeme yo tampoco lo haré. Sin embargo te prometo que desde el día de hoy, si aceptas mi propuesta, estaremos juntos del
mismo lado del mundo. Tú y yo compartiremos los cuentos cortos que surjan cada mañana hasta escribir una novela que muestre nuestras vidas, unidas pero libres de ser distintas. Quisiera que ambos nos amáramos sin mesura pero con la suficiente cordura como para no olvidar que somos humanos poco convincentes.
Muchos caen en el encanto del relato romántico, no te mentiré, yo misma me he dejado envolver en sus letras y espacios. Incluso debo mencionar, son varios los que por ti he conocido y asimilado tanto; me hago de sus frases y sus momentos como si fueran míos pero ¿quieres la verdad? Cada uno de ellos me atrapa porque es distinto el uno del otro, especial. Hazel no es la misma que Julieta ni que Eleanor o Anastasia, está lejos de ser como Elizabeth, Emma o Melanie, ni hablar de Ana o Sofía, así mismo yo no seré como ninguna de ellas porque yo soy Stephanie. Quiero que mi historia cuente lo especial de nuestros momentos, de nuestros dramas y de cada detalle, no quiero que seamos ninguno de esos personajes, seremos tú y yo; marcando este relato por nuestra esencia personal.
Discúlpame por no pedirte el corazón o tu tiempo completo, por no requerirte como los amantes creen requerirse entre ellos. Discúlpame si es que te desmotivé al pedirte que fueras tú en todo momento y que me permitieras ser yo mientras aún existamos en el universo.

1


Fue cuestión de verte y escucharte para estar ahora aquí sin la facultad de dejarte ir. Mis deseos han cambiado y no sé por dónde empezar, es mi mente un lienzo en blanco que temo arruinar al pintar. ¡Oh amigo! ¿Qué me has hecho ya? Incomprensible es este sentir para mí, como invisible y ajeno es para ti.
Creí haber madurado, dejar de lado el asombro que conduce al supuesto de amar. No estoy segura de qué es lo que siento en mi pecho, si es el latir de mi corazón o la esperanza de recibir tu afecto creciendo contra el tiempo.


Miro al cielo y le pregunto a la vida si eres especial ¿es que acaso mi destino está trazado sobre el mismo camino que solía tomar? Cruel sería el azar si me dejara seguir sobre la pista del ayer, no quiero que seas como las sombras que me preceden y no me abandonan, quiero verte reflejado en la luz al final del túnel, cruzar la montaña a través de esta cueva que la vida se empeña en alargar.

Bastó tan solo un abrazo para hacerme conmocionar, sentir tu piel a través de la tela en un acto inocente y a la vez tan voraz. Impulso o no, eres tú a quien hoy quiero, puede que todo sea confuso dentro sin embargo estoy consciente de que eres tú mi más. Puede que no me comprendas ahora o quizás nunca lo harás, dudo que hayas notado lo que tu paso en mi vida durante estos años ha causado, pero si un atisbo de locura en mis ojos has atrapado, ten por seguro que algo de ti hay en ella.