Hoy he asesinado a alguien, no he dormido sin alterar mi sueño por ello. En mis manos corre la sangre de aquella pobre víctima que tuvo que perecer ante mis ojos, en mi memoria recae la continua escena en donde decido poner fin a la existencia de un ser que no hacía nada más que ser lo que era.
Existen miles, millones de seres en este universo, estoy segura de que no tenemos conocimiento de más de tres cuartas partes de su totalidad. A diario hay cientos, o quizás miles, que se pierden ante una batalla a muerte. He convivido con este ser por lo que es ya un largo tiempo y en realidad no sé por qué demoré tanto en llevar a cabo el acto que me condena.
No, no me arrepiento de haberlo hecho, era una cuestión de sobrevivencia, y es que en ocasiones, la convivencia simplemente era algo demasiado agresivo, destructivo, nos estaba llevando por la vía de la autodestrucción.
Hoy he asesinado a alguien, ha dejado en mi memoria mil recuerdos que hacen sombra a mi futuro. Ha muerto pero no ha desaparecido, pues aunque aparentemente ha dejado de estar vivo, permanecen las cenizas de los actos cometidos. Quedan remanentes que me condenan a una vida de memorias que se arrastran con mis pasos cual grilletes.
Me sentía victoriosa en su ejecución, pero ¿realmente ha muerto? Comienzo a creer que le he otorgado vida eterna, lo he enfrentado de tal forma que le he dado presencia. Por lo menos sé que he librado una batalla, hoy tiene rostro y le he dado un nombre.
Hoy he asesinado a alguien, le he vuelto omnipresente, pero me ha devuelto la consciencia y hoy, la sangre derramada dio forma a su cuerpo etéreo. ¿Realmente ha muerto? Qué más muerte hay sino para quien el no lugar era su vida.
Hoy ha muerto, le he asesinado.
De los rincones de lo impalpable, en el arte de lo oculto, le he obligado a morir a manos del conocimiento.
¿Qué muerte más preciosa que la suya? Por la luz se vio perpetrado y ha ardido ante las miradas más juiciosas. Es su sangre la tinta de mi nombre, y su muerte la resurrección que le aviva.
Hoy ha muerto, le he asesinado, he cavado mi cuerpo y sembrado mi nombre.
Escribir es una manera de callar para quien sólo escucha con los oídos. Para mi es mi puente de contacto con aquello que me cuesta compartir.
jueves, 14 de septiembre de 2017
Le he matado.
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