En repetidas ocasiones he vuelto la mirada al cielo, no sé qué es exactamente lo que busco, sin embargo en esa oscuridad puedo encontrar a través de las brillantes estrellas que compiten con la luna y su esplendor, una sensación de tranquilidad e inspiración.
Sí, quizás no sea una inspiración tan magnífica que me haga famosa, pero logro encontrar eso que hace falta para sacar de lo más profundo de mi ser, esas cosas que difícilmente son convencidas para dejar de ejercer presión desde dentro. En esas estrellas, en esas nubes, puedo mirarme realizando todos los sueños que no sólo de noche pude ver, escuchar, sentir, desear; es increíble el poder que tenemos los humanos para lograr proyectar nuestros deseos de manera tan - casi - real. ¿Por qué si podemos vernos llegando a la meta a través de sueños, no podemos luchar por ellos? Siempre nos damos por vencidos ante la primera palabra negativa que nos ataca, ante la primera decepción, el primer fracaso, a la primera caída lloramos y no nos levantamos, volvemos a gatear por temor a dar un paso ¿Qué pasaría si decidiera en vez de detenerme correr? Podríamos volver a caer, pero eso ya lo vivimos y no debería espantarnos, si sobrevivimos a final de cuentas a una, por duras que sea las siguientes, siempre tendremos la certeza de que somos capaces de levantarnos.
Tal vez nos gusta el suelo, nos permite seguir mirando el cielo plácidamente, soñar, pensar en lo que nos gusta, le hemos tomado tal cariño, que pareciera ser él lo que nos levanta, no nos damos cuenta que es el suelo mismo quien nos retiene, como un imán, como el sol con la tierra, no nos permite alejarnos; el miedo es resultado de ese apego, pues el miedo no nos invita a explorar y luchar, nos obliga a quedarnos en lo seguro y desear lo mismo, sólo desear, nunca buscar alcanzar ese deseo para que vengan nuevas metas.
Está claro que no nos aburre soñar con lo mismo, porque si no lo tenemos, aún es deseable. ¿Se imaginan la de cosas que haría el hombre si buscara sus sueños? Yo sé que nunca estaremos satisfechos, según el psicoanálisis, es eso lo que nos mantiene vivos, nuestro motor es el deseo. Es la naturaleza del hombre desear, ¿Por qué entonces no luchar por el deseo más allá del miedo?
Podremos transformarnos en aves y volar por encima del bosque que nos obstaculiza mirar la montaña, que nos invita a dormir a la sombra de sus altos y frondosos árboles y nos encanta con el susurrar de sus ríos que adormecen nuestro sentido dejándonos a la deriva de un sueño sin lucha.
Por eso, cuando miremos al cielo, busquemos en las estrellas, e incluso en las nubes que les cubre, valor y determinación para definir nuestros deseos e ir en busca de ellos, para entonces lograr encontrar nuevas metas, nuevos caminos, nuevas maneras de descubrir y re afirmar lo que somos.
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