Han sido días de mucha reflexión, de esa que te obliga a mirarte en lo más profundo de tu ser. He caído en cuenta de la falta tan grande que tengo de aceptación y amor propio, de cariño por quién soy y la realidad que afronto. En su lugar me he creado fantasías, mundos alternos, irreales. Sin embargo esta noche he soñado lo que hago, he sentido el autoengaño y hasta dónde puede llegar. Soñé y viví la soledad de una mentira que ya no puedo sostener, no porque nadie lo crea, sino porque duele seguirla contando. Desperté preguntándome ¿Por qué no puedo lograr que eso sea realidad? La soledad me pesa aunque me diga en voz alta que me encanta.
Suelo ser honesta, de verdad lo creo, al decir que soy una persona complicada y con quien es difícil convivir. Demando atención a cambio de cariño, pero no me gusta ceder en muchas cosas. Soy terca, obstinada, obsesionada y con tendencias perfeccionistas; me gusta estar al mando pero demando la participación activa de todos, a pesar de que no me parece el hecho de que nadie lo hará como yo.
Y aún así quiero que alguien me quiera y me necesite, ser la incondicional de otro. Sentirme alguien de interés, que se preocupen por mí, que se alegren por mí, que se entristezcan y se enojen por mí. Quiero tener a un amante, jugar con quien sepa reír en la cama conmigo; compartir mi cuerpo, mi deseo y mi placer con alguien que lo haga también. Recorrer repetidamente el camino del erotismo, descubrirme, descubrirle, descubrirnos.
Hay tantas cosas que anhelo y que no sé cómo alcanzar. Soy ajena a todo eso, me da miedo siquiera intentarlo. Desconfío a cada paso, a cada intento le sigue el fracaso, desisto por miedo. En mi memoria encuentro frescos lienzos de pasado, cien imágenes que me inhundan los ojos y me cierran la garganta. Momentos de total exposición, de promesas y emociones que me quebraron en mil pedazos que no he podido volver a juntar. Muchos dicen que es pasado, que ha sido muchos años atrás; sin embargo aquí me encuentro, paralizada por efecto de esa etapa.
¿Cuántas oportunidades han pasado y se han ido? ¿Cuántas veces el miedo me ha invadido? Me siento fracturada, impotente de no saber cómo moverme. Sé que hay algo mal, algo duele, pero cómo combatirlo, eso no lo sé. Me siento perdida en un campo, dando vueltas sobre mis propios pasos. Al principio fue ese ciclo mi refugio, pero hoy se ha vuelto mi tormento.
No diré, a pesar de ello, que todo es negro; a veces estoy convencida de que es una soledad que yo elijo y que yo quiero. Hay momentos en los que la abrazo y la vivo, disfrutando detalles nuevos; sí, hay días buenos, pero a pesar de ellos hoy perduran los que son grises y apagados.
¿Alguna vez has sentido que te sumes poco a poco en el fondo de un agujero, de esas veces en las que te vuelves más y más invisible, como si tu propio ser se fuera desvaneciendo, en donde vas olvidando poco a poco quién eres? Así van transcurriendo estos días para mí, a pesar de que tengo momentos de calma, aún así me encuentro sedada, sin poder entender qué sucede, qué hago y por qué. Cada vez más me voy perdiendo y tengo miedo, tendo miedo de perderme y que nadie note que me he marchado; ni siquiera yo misma.
¿Dónde están todos mis sueños? ¿Dónde quedan todos los planes? Hoy están arrumbados y frustrada he dejado de buscarlos ¿para qué? Ya no sé ni quién los quiere o por qué surgieron. Si ya no hay sueños, no hay futuro ¿para qué se vive un presente entonces? Se vuelve un verdadero tormento, un torbellino de angustia, enojo y una gran tristeza que va aumentando de forma directamente proporcional a la falsa sonrisa que ilumina mi rostro social.
¡Qué peligroso es el miedo de mí misma! He temido tanto a mis acciones que me he vuelto puras palabras, una idea que vive en el mundo de las historias. Me estoy convirtiendo en letras que se pierden en el viento y que se vuelven sólo sueños incapaces de soportar la confrontación inminente con la realidad cotidiana y colectiva.
Me estoy ahogando en mis propias fantasías, pues incluso en ellas soy consciente de la farsa que sostienen y del vacío que inútilmente intentan ocultar.
Me conozco, y por ello me estoy perdiendo. La locura me domina pues la realidad no hace más que lastimar.
Escribir es una manera de callar para quien sólo escucha con los oídos. Para mi es mi puente de contacto con aquello que me cuesta compartir.
lunes, 11 de septiembre de 2017
Pérdida desnuda.
martes, 8 de septiembre de 2015
El inicio de un sueño.
Mucho he hablado sobre soñar, luchar por nuestras metas y ser fiel a una misma; pero hoy sólo quiero compartir mi experiencia alcanzando una de las tantas metas que he venido estableciendo desde hace mucho tiempo. Viajar alrededor del mundo, conocer otras culturas, nuevas personas y lugares era algo que veía como un proyecto posible pero muy lejano; sin embargo hoy puedo decir que he iniciado con ese proyecto que si bien, y afortunadamente, me tomará toda la vida, he dado el primer paso y he comenzado con él. Hace más de un mes se publicó una convocatoria en mi universidad para estudiar inglés en Canadá, la solicité siempre pensando que no sería posible obtenerla por muchos aspectos, sin embargo al publicarse los resultados mi corazón se detuvo un momento al ver que mi número de matrícula estaba entre aquellos que la habían recibido, y así fue como todo comenzó.
Tuve que ir a tramitar mi visa, preparar mis cosas, emocionarme y hacerme a la idea de que era real. Para muchos puede que no signifique tanto, que sólo lo vean como un viaje, una experiencia, pero para mí era comenzar, como ya dije, aquello que pretendo mantener haciendo el resto de mi vida.
Pues bien, finalmente el día llegó y yo estaba sumamente nerviosa y emocionada, mi familia me acompañó al aeropuerto y algunos de mis mejores amigos también acudieron para despedirme. Mi vuelo salía a las 00:05, pasé por la revisión de mis cosas para esperar después el momento para abordar y comenzar oficialmente esta aventura. En la sala de espera para abordar nos encontrábamos muchos alumnos de mi universidad, el avión iba casi lleno con nosotros; en fin, el punto es que ahí conocí a varias chicas con quienes estuve platicando mientras esperábamos. Finalmente el momento llegó y subimos, despegamos y comenzamos a volar a través del cielo, sus nubes y sus estrellas, despidiéndo a nuestra tierra por un tiempo. Sobrevolamos las costas del Golfo de México y después pasamos por algunos estados de EUA para después llegar a Toronto, Canadá. Lo más hermoso que puedo decir de ese vuelo es que técnicamente nos encontrábamos persiguiendo el amanecer, la vista era hermosa a pesar de que llegamos un día nublado. El aeropuerto es maravilloso, la vista que teníamos mientras nos dirigíamos al área de migración y de entrega de equipaje realmente era una forma de decirnos "bienvenidos". Había sido un vuelo de 4 horas, de las cuales puedo decir que al no poder ver mucho por la ventanilla debido a que iba en pasillo y que por ser noche estaba totalmente oscuro, me dormí un largo rato. De vez en cuando, sobrevolando los cielos de Estados Unidos, se lograban entrever las luces de las ciudades, también fue un panorama agradable.
Ya saliendo alguién nos estaba esperando para dirigirnos a la ciudad en la que estaríamos durante nuestra estancia, no nos quedaríamos en Toronto. London es una ciudad pequeña y realmente hermosa, sus casas son de estilo victoriano, sobre todo en el centro, estando ahí no hay un sólo rincón en donde dejes de ver el color verde del pasto y el azul del cielo; también es un lugar sumamente tranquilo para vivir, la gente es muy amable en su mayoría y siempre están dispuestos a orientarte cuando te encuentras perdida. Cada uno de nosotros fue asignado con una familia que nos recibiría y con quienes viviríamos durante nuestra estancia, yo tuve la suerte de estar con otras 3 chicas, a una de ellas la conocí en el aeropuerto en México mientras esperábamos abordar.
La casa a la cual llegamos tenía su encanto, era amplia y cada quién tendría su propia habitación, la mía estaba en el entrepiso, entre el sótano y la planta baja. Los muros era color lavanda con sus molduras blancas, un piso de madera y una ventana que daba hacia la calle, estaba al ras del piso, así que mi vista eran las flores y el pasto que presentaban a la casa; contaba con un escritorio, una cómoda, y un espejo a juego, todos a juego, de madera pintada de blanco, justo como me gustan, mi cama era de hierro forjado y mi clóset de un tamaño suficiente para mi ropa y mis maletas. Contábamos con un patio trasero con flores y alberca, lamentablemente la alberca no estaba en uso debido a que nuestra familia canadiense no la habia preparado; también teníamos nuestra propia sala en el sótano. Era un hogar agradable.
La escuela en donde tomé mis clases, era realmente apantallante, pues debo decir que para una amante de todo lo Inglés, la arquitectura de los edificios era magnífica. Empezando por la Universidad Brescia, que fue al lugar en donde llegamos de Toronto, y continuando con el Colegio Kings, en donde tomé mis clases. Ambos edificios podías equipararlos quizás con castillos, em fin, creo que las fotos hablan por sí mismas. Canadá comenzó a mostrarse mejor, el clima debo admitir no fue para nada lo que esperaba, yo pensaba que encontraría un lugar muy frío o por lo menos, con una temperatura similar a la ciudad de México, pero no, el calor era intenso debido al nivel de humedad que hay. Únicamente los últimos días fueron fríos, lo bueno es que la ropa que llevé era fresca, si no probablemente hubiera tenido que hacer algo al respecto.
Las clases por su parte fueron muy entretenidas, pero lo mejor fueron las actividades extracurriculares y nuestras visitas de fin de semana a los lugares más turísticos alrededor. Por ejemplo el primer día de clases fuimos al centro para llevar a cabo una actividad en la que nos teníamos que tomar fotos en un montón de lugares marcados en un mapa del lugar, nos separaron por equipos, el que más fotos y puntos tuviera ganaría un premio. Fuera de la competencia, creo que fue una gran forma de conocer el centro y sus rincones más ocultos. Lo más llamativo para mí fue el Victoria Park, el río Thames y en general la arquitectura, como la de la iglesia de St. Peters. Así mismo otro de los aspectos que amé de Canadá fueron sus árboles, desde el tradicional y representativo árbol de maple, hasta los pinos (pinos navideños) que se encontraban en todos los parques y carreteras. La ciudad de noche fue todo un espectáculo para ver, había un edificio frente al Victoria Park que iluminaban de colores, lucía muy bonito, desde el parque sentada en una banca, o simplemente caminando rodeada de la calma que domina en el lugar a esas horas, era magnífico. Sus monumentos era muy bonitos también. 
Fuera de London, conocimos Toronto mas allá del aeropuerto, visitamos la torre CN, que es la más alta de la ciudad y se parece un poco a la torre de Seattle. La experiencia en la torre no fue la gran cosa, lo que sí es que disfrutas de la vista que te ofrece desde el mirador, sólo eso, Toronto es una ciudad muy grande, llena de una multiculturalidad asombrosa, y como en México, puedes ver una mezcla de tiempos en sus edificios, puedes apreciar el pasado en sus edificios más cercanos a la universidad de Toronto, o bien la modernidad en sus altos corporativos. Fuimos también al lago, es muy tranquilo y puedes descansar un rato por ahí.El siguiente fin de semana visitamos una playa, en realidad no es mar, si no un lago, el lago Huron, es un lugar muy agradable, el clima fue perfecto, el agua es muy fría pero es excelente para un día caluroso.

Creo que esta se ha vuelto una publicación muy extensa, pero es que así de grandioso fue este viaje, pero de ahora en adelante intentaré ser más breve. Durante este viaje también visitamos las cataratas del Niagara, uno de los lugares que había querido visitar desde hace mucho; no miento al decir que es un lugar que te quita el aliento, no sólo las cataratas, sino el pueblo en sí es tan diverso, puedes encontrar muchas atracciones turísticas como museos, parques de golf temáticos, miles de tiendas de souvenirs, etcétera. Pero lógicamente las cataratas son lo más hermoso, el sonido del agua cayendo con toda su fuerza, el arcoiris que se forma en ellas, la brisa que te empapa totalmente, la emoción te atrapa todos los sentidos. Saber que estas en los límites de dos países, tan diferentes y similares, compartiendo una de las maravillas del mundo. Es un sentimiento realmente impresionante. No puedo encontrar más palabras para describirlas, así que dejaré que sean las fotos las que hablen. Ya para finalizar quiero recomendarles que si van alguna vez y visitan London, vayan a una librería que tiene su historia.
Esta libreria se llama CityLights, venden libros nuevos, usados, de todo, hay discos de vinyl, películas, series, cómics, novelas gráficas, puedes realmente encontrar una gran variedad de títulos y a un precio muy bueno, además de que el lugar es muy agradable, puedes percibir ese olor a libro viejo que resulta tan cálido y que te da una gran bienvenida al lugar. Los empleados son muy amables y siempre están dispuestos a ayudarte. Es muy importante decir que ellos estaban agradecidos de que fuéramos. Nos reconocían como parte del grupo de mexicanos que había estado llendo varias veces, fuimos buenos clientes puesto que todos los días iba alguno de nuestro grupo a comprar y disfrutar. Hasta buen viaje nos desearon porque ya sabían qué día nos regresábamos. Yo tuve la fortuna de ir el último día de mi viaje y la señora que nos atendió me dijo que esperaba que volviéramos pronto. domingo, 15 de febrero de 2015
Sinfonía.
A veces hace falta cerrar los
ojos, no bastan los párpados. Quisiera convertirme en el dulce viento que acompaña
una melodía de piano, con sus notas ligeras y a veces tristonas, siempre
dulces.
Quiero cerrar los ojos, dejar a
la mente volar entre fantasías que alcanzan los deseos más profundos, que se
arraigan en el fondo de mi ser más puro. Cierro los ojos como mecanismo de
defensa antes esta realidad tan contradictoria y compleja.
Sí, me gusta adentrarme en
utopías, no me agrada la realidad que me abrasa cual fuego.
Me pierdo en sus notas, puedo
escuchar el roce de sus dedos con las teclas del piano negro frente al ventanal
de la sala, su silencio cargado de significados ocultos en él; una
concentración cuyo resultado transmite emociones indescriptibles ante la lengua
tan pobre que solo sabe emitir palabras, acciones y adjetivos.
La calma, ¡Oh, dulce calma!
Bienvenida eres en momentos de angustia, en donde me es difícil encontrarme en
su mirada, ni siquiera el espejo del agua puede afinar mi propia imagen.
Sólo tú ¡Oh dulce música! Llegas a
mis sentidos por más de una vía, no es sólo el oído al que seduces. Los aromas
de la suave pradera llegan, con el aroma de la cálida madera de los árboles
altos y frondosos, de ese sol que quema como un abrazo en invierno; vienes
acompañada de las imágenes que proyectan tus aromas, tus sonidos, tus notas.
Siento el temor, siento, ¡Oh musa de mil tonos! Siento la tristeza de la
soledad que nos rodea, somos compañeras asiladas en un singular entendimiento.
La ansiedad me hace presa de los
nervios, no puedo parar de pensar, las imágenes se tornan borrones, los aromas
se pierden en una mezcla indescifrable; pero siempre estás tú, dulce sonido,
con un tono para cada momento. Siempre continuo, siempre presente; llenas el
silencio con tus pausas que me permiten pensar para mí.
Ahí viene de nuevo, la cadencia
suave y transparente, no sé si he perdido la razón pero es maravilloso poder
escucharte, entender tus ritmos. Tu lentitud y tus sobresaltos tienen siempre sus
motivos.
¡Para ya! Eres insensata con mi
memoria, traes cual relato sus palabras a mis oídos, sus miradas a mi cuerpo
que se tensa al recordarlas tan frías e indiferentes. ¡Bastarda! Te creía amiga
y resultaste hermana. Me conoces más de lo que pensaba, atravesaste la línea de
la tolerancia, ¡Deja de mirarme! Me acusan tus notas que con tiempos diversos,
mixtos, me devuelven lo que soy.
¡Apiádate de mí! Deja de seguirme, quiero volver a mi sala, a mi pradera
tranquila que me recuerda mi falsa identidad, utopía fabricada en tus entrañas.
Estoy exhausta, mi cuerpo yergue inmóvil
mientras sigue la rutina diaria. Entonces vuelve como antes, me extiendes tu
mano y entonces me despiertas de mi letargo de realidad ¡Volviste! ¡No me
abandones de nuevo, te lo ruego! La tensión, tan sarcástica, burlona, me ataca
y me hiere al reflejarme con desprecio que no soy lo que creo. Sólo tú buena
amiga, vuelves a mí y me cobijas bajo el velo de tu fantasía, que como alivio a
mis temores, me permites seguir danzando entre las flores y las nubes. No, no
diré que se ha ido, ella sigue aquí conmigo pero es ahora como una parte de mi
niña pequeña que tengo que aprender a consolar. Ella tiene miedo, y la tristeza
le azota como viento de otoño. Es la realidad que le apremia a crecer.
¡Pequeña niña, deja de llorar!
Estará aquí para ti.
Evitas a toda costa su nombre,
porque ni siquiera sabes si es el correcto. Lo único que sabes es la mezcla de
emociones que causa en ti, que germina cual semilla fértil en el campo. Quisieras
saber, poder conocerle, pero estás tan confundida y eres tan pequeña que apenas
y logras mirarle el rostro. ¡Hay amor,
es sólo una niña! Eres mi diminutivo, contrólate, te lo pido.
Antes de que la penumbra se cierna
sobre nosotras, una sola, llega el sonido que tiempo a tiempo, va incrementando
su volumen. Sus notas nos ofrecen su mano ligera, pues nos ve al borde del
conocimiento, de la desdicha del saber y la afronta entre tú y yo.
Ahora volvemos y me encuentro de
nuevo siendo la yo de esa musa. El temor, aquel que tu vulnerabilidad me
causaba, se ha evaporado y vuelvo a bailar sobre el pasto que hace cosquillas a
mis pies, y que a propósito de esto, ha devuelto la risa infantil a mi boca.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Sinceramente, te quiero.
¿Si te dijera que el camino al amor no existe, me creerías o te desilusionarías? Es uno de los dilemas más grandes a través de los cuales el ser humano tiene que encontrar su propio camino, sin embargo siempre nos vemos atrapados en un callejón cuya única salida es seguir la corriente de aquellos ilustres expertos en la materia de la vida.
Ay amor mío, es difícil tratar de mirar con lente ajeno la situación que nos concierne a los dos, y de la cual sólo uno es consciente. Mil veces he jurado en vano que te olvidaré, o que simplemente daré vuelta a la hoja. También me he armado de valor a momentos y me he propuesto, igualmente en vano, que te diré la verdad, que no temeré la posibilidad de tu rechazo, pero es cuestión de verte y sentirte cerca para entonces perder la palabra, los juramentos se vuelven viento, pero no de ese viento que te eleva hacia el cielo, sino esos vientos torrenciales que tiñen el cielo de gris y el horizonte se muestra cada vez más sombrío y desconocido, de esos que dan miedo. Es bien cierto, soy una cobarde pero, a decir verdad, soy también luchadora. Cobarde por temer al futuro, a las posibilidades que no me son desconocidas, no hay medias tintas en ésto; pero soy valiente porque he aprendido a mirarte a los ojos y retener el fuego que siento emanar por mi cuerpo, porque he sido capaz de ir en contra de mi misma. Quizás llamarme valiente por ésto último pueda ser relativamente cierto, o quizás sí, es un tanto estúpido decir que se es valiente por ir contra uno mismo pero ¿Es que acaso es fácil, acaso no se pierde nada?
Es fácil para muchos describir al amor, a ese que dicen es conflictivo o mejor conocido como complicado, se nos incita a creer que es el amor en sí lo que es complicado cuando en realidad somos nosotros los que no nos entendemos, los que nos inventamos trincheras en las que quedar atrapados. Sí, el amor es complicado en tanto es creación abstracta del hombre, ¡Y vaya creación! Es una noción abstracta que se arraiga al cuerpo y presenta síntomas físicos, no es juego cuando se dice que se acelera el corazón y el estómago se revuelve, la piel se enchina y la sangre hierve en las mejillas, es tan abstracto como el ser mismo. Curiosa moción, es una noción creada por el ser humano, abstracta y real, arraigada al ser y estar del sujeto. Existe un otro que te mueve, que te cambia, pero querido no creas que eso es solo obra del amor, eso es algo que sucede todo el tiempo, con todas las personas que se cruzan por tu vida, en psicología lo llamamos procesos de subjetivación, sin embargo temo que sea más allá, el amor es tan estudiado y a la vez tan desconocido como la existencia.
El amor es un enigma que gusta por serlo, creo que es como la fe y los dioses, se idolatra porque no existen pruebas que nos limiten a seguirlo transformando y adjudicándole características particulares. El amor es ciego, eso dicen muchos, yo creo que se es ciego al decir que se ama, que se sabe definir al amor, porque el amor es invisible por ser tan físicamente tangible.
¿Lo ves? Ya quiero unirme a las que lo definen, en fin, yo sólo quiero describirte lo que es mi amor, ese que siento que se presenta cuando andas cerca, cuando paseas entre mis memorias, cuando brota tu nombre en mis acciones o en mis reflexiones. Te digo que es complicado describir un sentimiento de tal envergadura, y aunque emocionalmente es difícil asumir que viene únicamente por parte de uno, es más fácil hablar por quien se es y no en nombre de quien se idealiza.
Verás, cuando estas lejos de mí, te tengo presente en lo que hago, cuando estoy leyendo imagino lo que comentarías conmigo de ese libro si lo leyeras también, tus argumentos y tus partes favoritas. Cuando me encuentro viendo una película veo en tu rostro guardar esas lágrimas que en ocasiones tratas imperiosamente ocultar, te veo reír en las escenas cómicas y te veo disimular el terror en esas escenas que a mí me hacen gritar sin mesura. Sí, aunque no estés ahí, estás. A veces cuando leo las noticias, me imagino las discusiones que tendríamos por nuestros puntos de vista tan diversos a la vez que convergen, las propuestas que se nos ocurrirían y las críticas a las mismas. Cuando estoy en clase, quiero aprender de todo, entender lo que debo entender para poder compartir contigo esos conocimientos, demostrarte por absurdo que a muchos pueda parecer, lo mucho que me apasiona lo que hago, quiero ser más de lo que soy.
Okay, a veces resulta conflictivo resolverse a escribir lo que se siente, pero he decido desahogarme sinceramente, creo que todo cambia cuando estás frente a mí, no es lo mismo. Mi corazón se acelera y no miento, me alejo de ti por voluntad involuntaria a la vez que deseo estar cerca y poder posar mi brazo en tu cintura o sentir el tuyo en mis hombros. Cuando te miro no puedo quitar la mirada de tus ojos, quiero que se note que te grito que te quiero, a la vez que quisiera que no lo supieras por mi. cuando hablo contigo me olvido de los temas planeados, y si logro hacerlos salir de mis labios, duran poco y lucen tontos, quiero impresionarte, que te rías conmigo y te sientas animado a platicar. Pero son sólo deseos porque no siento que lo logro, siempre me quedo con un vacío al despedirme que me hace sentir dudas y pensar que no es amor pero ¿Qué es el amor? Es por eso que me importa saber qué se dice, pero más que nada ubicarme y definir mi propio concepto de amor para poder decir si es o no lo que siento por ti.
Amor, querido, es ajeno a ti en mis términos, porque no mostramos señales de compatibilidad. Somos amigos, amigos que se cuentan y disfrutan lo que hacen juntos. Debo decir que me gusta ese papel, pero anhelo ser más, saber qué pasará, pero a la vez temo sentirlo porque no es algo seguro y ya dicho. Soy tu amiga y me intereso por tu vida, pero a veces me duele oír tu entusiasmo por alguien más, no un dolor dramático, sino más por el sentido de impotencia, en donde sé que es consecuencia de mi falta de valor para hablar, no te puedo reclamar nada salvo no sentir mi temor a tu lado por tenerte lejos, que no notes mis miradas y mi necesidad de impresionarte. Es una impotencia por saberte emocionado por ella y no por mí, por saber que encuentras similitudes cuando nunca nos faltan temas de conversación.
He hablado de mil cosas, de mil sentires y de mi vaga idea, muy confusa del amor. Pero sobre todo te he hablado de tí y de mi, vividos como una sola situación a través de una sola persona. Te he dicho sin voz lo que eres, lo que vales y lo que representas, porque eres parte de mi visión futura, de mis viajes y proyectos, de mi familia y mis navidades. Es una voz muda porque no sabes que hablo de tí aunque lo puedas leer, no sabes que escribo por tí en algunas ocasiones y para ti en otras tantas.
Ay corazón, eres más que un sólo órgano, eres el símbolo de la felicidad y la ilusión de completud que todos buscamos, por ahora, seguiremos siendo sólo amigos. Que sean nuestras acciones y el porvenir tan incierto lo que nos hagan encontrarnos en un camino que nos una hacia el mismo fin. Sin ser uno, caminando a lado del otro.
sábado, 23 de agosto de 2014
¿Libres y felices?
Tiento los cristales y están fríos, puedo atisbar el zumbido de sus adentros. Las lágrimas no vienen del fondo, caen del cielo y las adopta a pesar de ser ajenas. Aveces la tristeza y el dolor son semillas que caen de arriba y que enterramos en lo bajo, las ocultamos de las miradas quisquillosas, de las palabras entrometidas e hirientes. No dejamos que germinen, les impedimos que crezcan, que se desarrollen y como todo, si no sale se queda ahí, atascado y en las peores condiciones.
Lo más preocupante de todo, es que las personas que más las rechazan, son las que intentan aparentar mayor felicidad. Temen enfrentarse a sus temores, no pueden dar el salto y mirarse desde el otro lado del lago ¿Es acaso eso felicidad? No podemos guardar las semillas para siempre, porque incluso la tristeza y el dolor son bases para conocer la felicidad y el placer. El que se oculta tras la máscara de una alegría eterna e imperturbable, es porque guarda un gran temor en el fondo de su ser, en lo más bajo. Esa lucha interna por contener a la semilla, se vuelve un modo de vida que nos aleja de mundo externo y a la vez interno, pues únicamente nos preocupa una diminuta parte que se encuentra en nosotros y que ni siquiera es propia; nos olvidamos de lo que somos, de los nuestros y lo propio.
Cuando la preocupación de que la semilla de la tristeza se haga pública descienda, será cuando entendamos que todos la cargamos, porque es parte de un exterior que desconocemos y nos empeñamos en mantener alejado, haciéndonos sentir que es algo nuestro y que se encuentra en lo más profundo de nuestro existir. Cuando entendamos que somos iguales pero diferentes, entenderemos que cargamos con los mismos problemas pero los atendemos de maneras diferentes, los percibimos de formas distintas e incluso a veces, podemos catalogar las situaciones en diversas variedades, descartándolos inclusive de la categoría de problemas.
viernes, 22 de agosto de 2014
En compañía de la soledad...
Hay ocasiones en el transcurso de un sólo día, que nos hacen repensarnos como personas, como sujetos y como individuas. Puede ser desde una mirada al tráfico citadino, hasta esas pláticas que se tienen con amigas. Yo tengo muchas metas por cumplir, algunas tantas son tan utópicas como otras, sin embargo el simple acto de planear y tener objetivos por cumplir, te dan material para pensar y guiar un poco tu manera de ser y vivir. Es curioso que incluso los que en algún momento decimos que no nos importa lo que dirán de nosotras, estamos diciéndolo para dar una imagen ante un otro.
Algo que me impresiona mucho de todo esto, es lo mucho que puedes sufrir en el intento de realizar lo necesario para ser o tener lo que te gusta y quieres. La forma en que los demás, esos otros seres que se encuentran en situaciones similares a la tuya, que no comprenden ni su propio mundo y que intentan comprender, y lo peor de todo, modificar mundos ajenos de los cuales no saben nada. ¿Cómo es que esas demás vidas pueden interferir tanto en lo ajeno? Si bien somos seres sociales, es increíble que a pesar de ser hoy en día una sociedad tan individualista, aún tengamos esa tendencia a invadir el terreno personal de los demás.
Particularmente me parece triste pensar así, explicaré por qué. Sin los demás nosotras no estaríamos, según yo, interesadas en conocernos a nosotras mismas porque la meta de saber qué somos no se vería motivada por explicarle o demostrarle a alguien más. El interés de saber precisamente lo que se es, en general tiende a ser para diferenciarnos de lo que no somos, de un otro, ya sea la familia, la amiga o el extraño. Imagino que entonces cuando decimos que necesitamos tiempo para estar completamente solas para repensarnos, en realidad estamos intentando decir que necesitamos estar alejadas del bullicio y la presencia física de los demás, pues para repensarnos necesitamos tener presentes a esas personas dentro de nuestros registros mentales, obteniendo entonces puntos de partida y de comparación para entendernos, fijarnos metas, objetivos, entender el por qué nos gustan o no las cosas.
domingo, 20 de abril de 2014
Para conocerse hay que soñar...
Yo sueño con el éxito, con mi familia, con mis amigos, con las personas importantes, sin embargo, también tengo sueños a los que solemos llamar pesadillas. En ellas aparecen también todas esas personas, incluso el éxito puede estar ahí presente y causarme temor.
A lo largo de la vida vamos aprendiendo, poco a poco, a manejar nuestros deseos de tal manera, que los mandamos en ocasiones a lo más profundo de nuestro ser. Los sueños son representaciones de esos anhelos enterrados que luchan por hacerse notar, acompañados de los momentos que nos han marcado de manera positiva; las pesadillas son los temores que los deseos conllevan, anudados también a todas esas experiencias que nos han causado temor y tristeza.
¿Para qué son los sueños?

Yo sueño con alcanzar mis metas, alcanzarlas teniendo a mis personas favoritas y queridas cerca, o por lo menos, tenerlas dentro de mi vida aunque sea a la distancia. Mis sueños tienen una raíz, que como ya dije, son mis deseos.
Me parece que estos sueños están ahí por una única razón, invitarme a luchar y conseguirlos. Muchos se refieren a los sueños como algo inalcanzable, algo imposible ¿No será que se nos está mostrando lo felices que seremos al alcanzar esa meta? ¿No será que nos están diciendo que sí es posible, que nuestros seres queridos serán siempre eso a pesar de las circunstancias? Bien, querido lector, podrás estar o no conmigo, podrás incluso pensar que si los sueños son todo esto que te estoy diciendo, las pesadillas deberán ser algo parecido entonces. Sí, para mí las pesadillas son bastante peculiares, en ellas puedo encontrar mis debilidades; sé que aquello que me despierta nerviosa, asustada y preocupada a mitad de la noche, es algo que vale mucho para mí y que probablemente debiera cuidar más; ya sea mi familia, mis amigos, mi propia persona o alguna situación particular. Las pesadillas nos muestran cuánto pueden valer para nosotros todas estas cosas, si no por qué nos alteraríamos tanto.
Puede que con el tiempo, mis respuestas pierdan sentido, e incluso puede que yo misma las descalifique con una nueva mejor planteada, sin embargo, hoy pienso que así es ésto y ya. Cada quien puede tener y formular sus propias opiniones, de eso se trata todo, para qué estar aquí si no vamos a preguntar, contestar, errar y tener éxito. Sería como pasar un videojuego con claves, no tendría el mismo grado de emoción y satisfacción terminarlo. En fin, volviendo al tema, me parece que deberíamos darle más valor a los sueños y a las pesadillas, valorarlos personalmente, sin caer en las supersticiones de algunas interpretaciones que son ya incluso, parte de un imaginario social. Los sueños y las pesadillas deberían invitarnos a la reflexión interna, porque si bien he hablado de lo bueno de los sueños, en ellos podemos encontrar también sentimientos reprimidos, los cuales a veces no están ahí para facilitarnos las cosas.
Al hacer estas cosas que parecen poca cosa, aprenderemos más sobre nosotras mismas, los sentimientos que guardamos, nuestros anhelos, quiénes somos en realidad. A veces es difícil aceptar lo que no podemos ver en el espejo del otro, lo que sus palabras nos reflejan, normalmente engañamos a nuestra razón creyendo amigas a las que nos dicen lo que queremos oír y enemigas a las que nos juzgan por lo que evitamos aceptar. En el momento justo en que aprendamos a diferenciar el reflejo turbio de las aguas cercanas, al reflejo claro y sincero de las aguas más salvajes, entenderemos que somos lo que hemos repetido constantemente que no somos. ¿Es duro? Sí, lo es, pero tan sólo imagina la libertad de darte cuenta que en vez de aparentar, puedes comenzar a trabajar sobre ello. No quiero sonar como un libro de superación personal, pero creo que en los sueños, en los terrores nocturnos, en las pesadillas más temibles, estamos nosotros en nuestro estado más puro y real.
Cuando hayamos aprendido a reconocernos en nuestro propio espejo y a manejar la imagen que los mares enemigos y aliados nos regresen, podremos entonces avanzar con una claridad sincera y luminosa, una sin pantallas que cubran la luz que emitimos, sin difuminarnos, sin aparentar opacidad. Valoremos lo que somos, lo bueno y lo malo, aceptemos nuestra humanidad y sigamos avanzando, soñando y temiendo porque sólo así lograremos alcanzar una felicidad, que si bien será siempre parcial, podremos tener pequeños infinitos de felicidad en cada estrella alcanzada.
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